domingo, 18 de mayo de 2014

El imperio tan querido

MUJICA: LA CASA BLANCA LE HIZO SENTIR QUE SU OPINIÓN "ES IMPORTANTE"

La visita al imperio que dejó de ser el cuco que antes asustaba

"Gracias por abrir una rendija", le dijo el empresario frigorífico Daniel Belerati al presidente José Mujica mientras cenaban esta semana en un restaurante brasileño en Washington.
JUAN PABLO CORREAdom may 18 2014
Belerati se refería al planteo que hizo el gobierno para que Estados Unidos acepte una cuota de carne uruguaya "natural", sin hormonas ni anabolizantes. De eso se trataron en buena medida los cuatro días que pasó Mujica en Washington: de buscar "rendijas", de hacer planteos sobre temas comerciales, políticos, educativos y sociales en un país que el ex guerrillero tupamaro rechazó durante buena parte de lo que él llama "60 años de militancia" pero cuyo avance técnico admira y considera útil.
Arotxa

Cuando El País le preguntó en el avión que lo llevaría a Washington cómo se encontraba, dijo: "casi bien". En el vuelo de ida durmió muy poco. Por indicación de su médica personal, Raquel Panone, que lo acompañó a todas partes mate en mano, el presidente no puede permanecer demasiado tiempo sentado. Por ese motivo, charló de pie durante más de un hora con el abogado Fernando de Posadas, del estudio Posadas, Posadas & Vecino, y el empresario logístico, Ruben Azar. Durante los días siguientes comentó que estaba "fundido", pero cumplió toda su agenda.
Parecía con prisa. En varias oportunidades, cuando hacía planteos sobre el futuro, mencionó "esto no lo voy a ver". En la mañana previa a su partida le dijo al Washington Post que la decisión de Estados Unidos sobre enviar o no a seis presos de Guantánamo a Uruguay "no puede demorarse mucho, porque me quedan pocos meses de gobierno".
Mujica tiene ahora una visión matizada de Estados Unidos, que ya no es para él el ogro que supo ser. En una larga sobremesa con periodistas en el "Fogo do Chao", el exclusivo restaurante brasileño donde cenó con su delegación el miércoles, dijo que tenía bien claro la dureza de la oposición republicana y que era testigo de la frustración del presidente Barack Obama por no poder subir el salario mínimo. También comentó que quizás Estados Unidos había tratado de ir demasiado lejos en su afán por atraer al área de influencia occidental a Ucrania y provocó así la reacción del viejo nacionalismo ruso.
Además de haber cultivado una relación con Obama, a quien se tomó la libertad de comentarle que tenía el pelo cada vez más canoso, Mujica considera "progresista" al vicepresidente Joseph Biden con quien tiene "sintonía". Biden le dijo, según el prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa, "créame cuando le decimos que su opinión es importante para nosotros".
El presidente uruguayo dijo que procuró "olfatear" qué chances tendría una eventual candidatura de Biden, aunque reconoció que competiría en la interna del Partido Demócrata "con el caballo del comisario", léase la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.
Mujica también tuvo una buena reunión con John Kerry, el secretario de Estado, político demócrata de larga trayectoria, veterano de Vietnam, que perdió las elecciones contra George Bush (hijo) cuando éste fue reelecto y quien, según el mandatario uruguayo, "me dio filo".
El presidente también recibió elogios de Thomas Donohue, el presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la federación de empresas con más de tres millones de integrantes y el principal "lobby" empresarial de ese país y quizás del mundo. Donohue conduce hace 13 años la organización y nunca ha ocultado que respalda al Partido Republicano. Pero Donohue elogió mucho a Mujica, recordó su propia visita a Uruguay y lo despidió con un "see you soon" (nos vemos pronto).
El presidente admira sobre todo el avance técnico estadounidense. "Descubrieron la penicilina, ¿qué te parece?", dijo en un momento.
En varias oportunidades hizo el mismo planteo: Uruguay está envejecido, necesita una mano de obra capacitada pero los uruguayos que van a estudiar a Estados Unidos "se enamoran, se casan, tienen hijos, ven los autos grandes, disfrutan las mieles" y en su mayoría no vuelven.
Hay unos 50.000 uruguayos hoy en el país norteamericano y el presidente quiere revertir al menos en parte esa tendencia procurando que profesores y alumnos estadounidenses vengan a Uruguay con sus derechos de seguridad social asegurados en el caso de los docentes. Y recordó que el batllismo impulsó las facultades de Agronomía y Veterinaria a comienzos del siglo XX con técnicos estadounidenses y uno de Prusia (hoy Alemania) que imponía una disciplina prácticamente militar a los estudiantes.
La gira del presidente permitió comprobar nuevamente que es un fenómeno mediático en el exterior. "Es un viejito divino", le dijo una señora, que hace más de veinte años que vive en Estados Unidos, mientras movía una bandera uruguaya en la sede del BID. Con paciencia, Mujica accedió a que le tomaran infinitas fotos con niños sentados en su falda. Mezclando ironía y pausas "dramáticas" para maximizar el efecto de sus palabras, cautivó a sus audiencias. Alguien lo comparó con el ex presidente sudafricano Nelson Mandela, pero Mujica descartó cualquier paralelismo: "No, Mandela está en otra liga", dijo.
Su mensaje sobre la región se puede resumir así: Brasil es un "país continente" cuya relevancia no se puede soslayar y al que Estados Unidos debe acercarse, es de interés de Estados Unidos la paz con Colombia, los tratados de libre comercio no necesariamente generan un intercambio sin trabas y la polarizada Venezuela puede destrabarse con la utilización del mecanismo de "referéndum revocatorio". Para Argentina se limitó a pedir que se la comprenda, antes de juzgarla.
Mujica conversó mucho con Belerati, De Posadas y Azar pero, más allá de la cortesía debida, no lo hizo mucho con el presidente de la Cámara de Industrias, Javier Carrau, y el de la Asociación Rural, Ruben Etcheverría, que andaban siempre juntos. Ambos empresarios cuestionaron que una y otra vez Mujica dijera que a los uruguayos no les gusta trabajar. "Lo dijo también en China y fue peor. En algún momento lo vamos a tener que hablar con él `tete a tete` porque si queremos inversión es un contrasentido", comentó Carrau a El País.

Los giros en el lenguaje y enredo de cables en American University


Capítulo aparte merecen las dificultades que deben haber tenido los traductores para pasar al inglés los dichos del presidente José Mujica, siempre abundantes en localismos y picardías.
Quizás no tuvieron problemas para traducir "desconfiado como caballo tuerto". Pero es un enigma cómo hicieron para hacer entender a los angloparlantes lo que quiso decir cuando utilizó una expresión que decía algo así como "sirve para un lavado como para un fregado".
"Andá a saber cómo tradujeron eso", se reía a carcajadas el ministro de Economía, Mario Bergara.
También debe haber sido difícil explicar a los empresarios estadounidenses lo que quiso decir cuando sostuvo que no se podía ver al Uruguay "desde 18 y Eduardo Acevedo".
Como en toda conferencia de prensa que se precie, hubo problemas de audio en la que dio el presidente con sus ministros en la embajada uruguaya tras reunirse con Barack Obama. El ministro de Educación, Ricardo Ehrlich, no lograba hacerse entender porque el sonido se cortaba. "Vení para acá, muchacho", le dijo Mujica, ofreciéndole su micrófono. Luego el presidente sufrió un enredo descomunal con los cables de los micrófonos en la American University.