miércoles, 14 de septiembre de 2016

Situación de Jihad Diyab Eres libre, caballo salvaje


Soledad Platero
La diaria, Montevideo, 13-9-2016
A la hora que escribo esta columna, un grupo de allegados a Jihad Diyab debería estar reuniéndose con autoridades de la cancillería. Él, mientras tanto, agoniza. Su salud se deteriora rápidamente (está haciendo una severísima huelga de hambre que incluye la abstención de líquidos, y no permitió que se lo re hidratara con suero) y ya dijo que no está dispuesto a ceder: o se junta con su familia en el exterior, o se muere. Y se va a morir. En la cara de todos, mientras la pelota pasa de uno a otro y todo el mundo explica que no tiene la culpa, el tipo se va a morir.
Entre los recuerdos más desesperantes de mi adolescencia está la huelga de hambre de Adolfo Wasen Alaniz, hacia el final de la dictadura. Wasen tenía 38 años y estaba enfermo de un cáncer diagnosticado a destiempo y nunca bien atendido. Había sufrido dolores insoportables y sabía que no había retorno, así que hizo lo único que podía hacer en sus circunstancias: se transformó en bandera. Empezó una huelga de hambre por la libertad de todos los presos políticos.
Nadie fue liberado, por cierto (tampoco él, que tenía las horas contadas), pero su sacrificio puso la cuestión de los presos en primer plano. Muchos que vivían de espaldas a la existencia de lugares como el Penal de Libertad o el de Punta de Rieles terminaron, finalmente, sabiendo lo que eran las cárceles del régimen.
Diez años después, en 1994, durante el gobierno de Lacalle, la huelga de hambre de los tres vascos que esperaban la deportación a España sensibilizó a miles de uruguayos que se movilizaron contra la extradición y fueron salvajemente reprimidos por la Policía en las cercanías del hospital Filtro.
Adolfo Wasen, Jesús María Goitia, Mikel Ibáñez y Luis Lizarride estaban presos y dispusieron de la única herramienta que tenían para dar batalla: sus propios cuerpos.
Jihad Diyab, se nos dice, es un hombre libre. Extraña libertad la de ese individuo que no tiene a su familia, no tiene un trabajo, no tiene ingresos propios, no tiene a nadie con quien conversar en su propia lengua sobre sus propias cosas. No tuvo, tampoco, la libertad de dejar Uruguay.
Es difícil entender cómo pudo haberse hecho todo tan mal desde el primer minuto. Cómo ahora estamos viendo morir en vivo y en directo a un hombre que fue secuestrado, recluido y torturado durante 12 años, que fue liberado en Uruguay gracias a un acuerdo en el que no participó (sería una infamia decir que él aceptó, de algún modo y como si hubiera tenido margen de acción, las condiciones de su salida de Guantánamo) y que una y otra vez vio frustrados sus esfuerzos por encontrarse con su familia en un lugar menos hostil, menos incomprensible.
Es difícil entender la pasividad con que hemos asistido a su tormento. O tal vez se deba, sencillamente, a que Jihad existe en otra dimensión.
A que su existencia se despliega, fantasmal e increíble, en la esfera del espectáculo y la curiosidad.
A que se materializa apenas en el espacio contrastado por la reafirmación de nuestras buenas cualidades (la solidaridad, la tolerancia, los valores republicanos, la siestera tranquilidad del país laico) y la retorcida ingratitud ajena.
¿Cómo no valoró lo que le dimos? ¿Cómo puede preferir volver a Siria? ¿Por qué pide ir a Turquía, donde no lo quieren? ¿Por qué prefiere morir, incluso, antes que seguir siendo libre entre nosotros?
Es la pesadilla surrealista de este tiempo: multitudes que quieren irse, que se mueven en bloque, que terminan presas, confinadas, que salen en la tele, que son asistidas, contadas, medidas, fotografiadas, vacunadas y, finalmente, deportadas o mantenidas en retenes eternos mientras su destino se discute en foros y audiencias globales.
Es la paradoja de la desterritorialización tecnológica y la violenta territorialización de la vida, con sus burocracias nacionales y supranacionales, sus muros de concreto, sus alambres de púas, sus campamentos a los costados de las vías o en las orillas de los mares. Un mundo hiperconectado que tira abajo la percepción que solíamos tener de la distancia y, al mismo tiempo, multiplica los controles migratorios, lleva al ridículo las normativas sobre equipajes y obliga a cientos de personas cada día a descalzarse, sacarse el cinturón y hacerse desnudar en el escáner de cada aeropuerto.
En las últimas horas se supo que Jihad no será recibido en Qatar ni en Líbano, y no es probable que lo acepten tampoco en Emiratos Árabes, a donde llegaron en agosto 15 hombres procedentes de Guantánamo.
La semana próxima su hija, que vive en Turquía, va a casarse, y él no va a estar allí. Y nosotros, anonadados, absortos, seguiremos sin entender qué fue lo que pudo haber fallado, si fuimos tan generosos y le ofrecimos un país tan tranquilo
postaporteñ@ 1663 - 2016-09-13 

martes, 13 de septiembre de 2016

PLANTAS DE CELULOSA Y FORESTACIÓN: INSUSTENTABLES CIFRAS DE EMPLEO

 Siempre que se anuncia una planta de celulosa en el país, el dato más destacado que
   se presenta a la población es el aporte en el empleo, pero esas cifras son desmentidas
   más adelante, cuando ya no se puede cambiar de opinión porque la planta está
   instalada. Hoy no se trata de una simple especulación, tenemos la experiencia de
   Botnia/UPM para saber cómo es la realidad.


Víctor L. Bacchetta, en semanario La Otra Voz, de Tacuarembó 24/8/16.

La compra de las acciones de Botnia por UPM, en 2009, permitió conocer algunas cifras reales sobre la magnitud del empleo absorbido por estas empresas en el país.

En el momento de su instalación en Uruguay, Botnia afirmaba que, una vez terminada la obra en el año 2007, trabajarían en la operativa diaria de la planta unas 300 personas, mientras que los empleos en el área forestal y otros sectores proveedores directos del proceso serían cercanos a 5.000. A ello sumaba el efecto de "empleo indirecto" sobre el consumo privado y la inversión que estimaba en 3.000 puestos más, creciendo a lo largo de los años. Así, Botnia prometía la creación de más de 8.000 nuevos empleos en el país.

Casualmente, es la misma cifra que se maneja hoy como aporte de la nueva planta anunciada.

Ya en 2008 las cifras oficiales de la empresa comenzaron a modificarse. Según los datos del sitio Web de Botnia, la planta, la empresa de mantenimiento, la industria química y la división forestal ocupaban 220, 100, 40 y 2.190 personas, respectivamente, totalizando 2.550 personas contratadas directamente. A su vez, contabilizaba 3.591 empleos indirectos, que iban desde la industria, el comercio y el transporte, hasta los servicios gubernamentales (sic). Por estas cifras, Botnia generaba 6.141 empleos, casi 2.000 menos de lo anunciado en 2007.

En 2009, Botnia vuelve a cambiar las cifras. Presenta entonces unas cifras globales, que calculan en 4.023 los empleos directos - atribuidos a la planta, forestación y logística - y en 3.723 los indirectos, lo que daría un total de 7.746 puestos de trabajo. De esta manera, nos estaríamos acercando otra vez a los 8.000 empleos prometidos inicialmente, pero ocurre que estas cifras no eran confirmadas por los socios mayoritarios de la empresa.

Al anunciarse la venta de las acciones, el nuevo propietario de la planta presentó cifras mucho menores que las divulgadas por Botnia. De acuerdo con UPM, los trabajadores en la planta eran unos 200, mientras que Forestal Oriental tenía 360 empleos directos y generaba unos 2.400 indirectos. Esas cifras fueron corroboradas por el socio de Botnia, Metsaliitto, que también vendió sus acciones y afirmó que la planta y Forestal Oriental tenían 550 empleados en el país.

De esta manera nos enteramos que UPM, incluyendo la planta de celulosa y las actividades forestales empleaba en forma estable apenas a unos 550 trabajadores. En la actualidad, el personal local ocupado en UPM Fray Bentos es de alrededor de 170 trabajadores, prácticamente en su totalidad en tareas simples: seguridad, limpieza y similares (1).

En las tasas anuales de desempleo registradas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) se puede constatar que la planta de Botnia /UPM no modificó esta situación.

Imagen
A pesar de la planta de Botnia/UPM, cuya producción se inició en 2007, Río Negro se mantuvo entre los departamentos con mayor tasa de desempleo del país. Entre 2008 y 2010, estuvo en el primer lugar; en 2011 fue superado por Artigas, Durazno y Treinta y Tres; y en 2012 solo Durazno tenía mayor porcentaje de desocupación.

(1) Gustavo Melazzi y William Yohai, en semanario Voces N°530, 8 de agosto de 2016.

contra los recortes!!!





Walt Whitman, uno de los duros

Hay unos Estados Unidos antes y después de Whitman. Hay una poesía antes y después de Whitman. Hay una forma de entender la carne antes y después de Whitman. Aquel hombre con barba de pescador cantaba concéntrico de sí mismo, fue al primer poeta al que se le llamó desde la oscura alegría del sexo y de los rasgos, desde la oscura alegría de la humanidad en todas sus formas. Walt Whitmanfue el primero que no tuvo miedo, que no sintió pena de ser hombre hasta ese punto, y por ello cantó a la vida y a la democracia, cantó sonando a sobremesa, a carcajada excesiva, a tos, a comer sin medida, a los momentos previos al sexo, a los momentos posteriores al sexo, y su voz fue, como dijo Lorca,  una columna de ceniza. 
En un Estados Unidos que aún no se conocía, que solo se intuía, en plena adolescencia de un país que hoy pensarle adolescente suena ridículo, como suena a todos ridículo pensar en nuestra propia adolescencia; en ese EEEUU de carbón, de las máquinas descarnando brutalmente la virginal vida de pastos y terrenos, de ferrocarriles, de sombreros y guerra civil, aquel hombre mitad pescador mitad lunático, fue uno de los duros porque no vaciló, no gimoteó y se lamentó, anduvo con paso firme, seguro del granito bajo sus pies, afirmando al hombre que llevaba sobre su dimensión, afirmando su desnudo y sus multitudes, anclando su poesía a la tierra, a los enfermos, al hombre común, en una especie de canto de gallo rojo en mitad de la ordenadísima quietud de una mañana. 
whitman_1870Walt Whitman, 1870 / Foto: Library of Congress.
Walt Whitman, uno de los duros, un fundador nacido en Huntington, Nueva York, allá por 1819 que no supo contener en su propia vida ese vigoroso impulso que trasladó a su poesía. El poeta fue poeta, pero también fue enfermero voluntario y periodista, creció en una familia numerosa de creencias cristiano-primitivas, y desde muy joven comenzó a trabajar como tipógrafo, escritor, editor y repartidor de su propio periódico, The Long Islander. A principios de 1850 el de Long Island se cansó y se dispuso a crear la gran obra, la que determinaría el canon estadounidense, la gran epopeya épica de una nación adolescente: aquel poemario con olor a mierda y sol (pues en el olor a mierda y sol, como decía Umbral, medita el acontecimiento de la vida y la palabra decisiva de la muerte) se titulaba Leaves of Grass (Hojas de hierba) y desde entonces no hay un solo amante de la literatura que no se haya asomado a Walt Whitman como el que se asoma a un cadáver repleto de universo.  
Y de esa forma Whitman habló a Lorca, habló a Borges, a Neruda, habló a millones de hombres y mujeres, me habló a mí y seguro habló también al lector de este artículo. En mi vida Whitman apareció como estoy casi convencido apareció en la vida de todas las quintas y generaciones a partir de los 80′. A Whitman, a mí, me lo presentó Robin Williams en mitad de la fiesta descontrolada y desordenada de mi propia pubertad. “Dadme un punto de apoyo y conquistaré el mundo”, dale a un adolescente una razón para ser adolescente y creerá que, como Arquímedes, conquistará el mundo. El Carpe Diem Horaciano nos llegó con el cuerpo de Hollywood y el alma de Whitman. 
Sea como fuere, comencé a leer al bardo y entonces sí, su Carpe Diem fue mucho más allá de filosofía a dos euros para adolescentes que solo buscan frases interesantes para Twitter. Whitman entonces se convirtió en imperial, heráldico y ancho como un domingo por la tarde. Se convirtió en todo eso porque su poesía me ofrecía un enorme espacio y una fuerza descomunal. Un soldado, un Alonso de Contreras yanqui que nos instaba a vivir a salto de mata, que nos enseñaba lo populoso y violento de la vida, que nos enseñaba a amar el cuerpo propio y el cuerpo ajeno, cada detalle del mundo, lo maravillo y lo mundano, que es lo mismo. Todo era entusiasmo y posibilidad, posibilidad de contribuir con un verso en esa poderosa obra que continúa y no cesa.  
Como decía, leí a Whitman por primera vez de adolescente. Leí a Whitman y admiré aun más de lo que admiraba ya por mis propias turbulencias hormonales a aquellas chicas a las que en aquel entonces la carne les prometía caber perfectamente en algún sitio, que eran tendencia hacia una forma, explosión que aún debía ser modelada por el tiempo y los posteriores años de universidad. La poesía de Whitman, su dignificación de la carne, es un humanismo. Un humanismo carnal. Whitman, aquel Caravaggio con aspecto de vagabundo prototípico me abrió, nos abrió, las puertas de las orgías y de la naturaleza. 
Walt Whitman nude - Early to mid-1880s - by Thomas EakinsWalt Whitman desnudo, década de 1880 / Foto: Thomas Eakins.
Mas no era solo el humanismo carnal y el Carpe Diem moderno. Era el amor a la humanidad. Whitman luchó contra la esclavitud en su país, defendió en un particular sentido las nociones de multitud y colectivo, inspiró una cultura democrática que pasaba por el respeto al hombre común, al hombre trabajador y se preguntó cuánto debía hacer y demostrar un hombre para ser tratado como tal. Antes que a Dylan, EEUU tuvo a Walt Whitman. Nacía EEUU y nacía la clase obrera, y el bardo intuyó una nueva sociedad que era un proyecto colectivo de individuos totales.
Cantó a lo enorme y a lo pequeño en su unidad dialéctica. Cantó al hombre y a las multitudes en su unidad dialéctica. Cantó a la acción en el presente, a la celebración del presente para dormir en el futuro. Contenía multitudes, la brizna de hierba y las jornadas de los astros. Se retrató desnudo. Caminó fuerte y se dio cuenta de que había avanzado demasiado, se esperó para volver a encontrarse y sumó cuerpos a su cuerpo. Whitman llamó a seguir sus pasos, exigió que siguiéramos sus pasos. Así es, Whitman exige camaradas. Exige que se eleven nuestras almas tranquilas y sosegadas ante un millón de mundos, exige acción y hermandad, celebración de la vida y del cuerpo. Whitman exige camaradas y así nos lo dejó escrito: 
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas

CHILE

Revolución y contrarrevolución en Chile
Todo el gobierno de Allende estuvo marcado por una intensísima lucha de clases y una polarización de fuerzas creciente entre la revolución y la contrarrevolución. El gobierno precedente, del democristiano Eduardo Frei, venía siendo jaqueado, a partir de 1967, por un enorme ascenso de la lucha social. Huelgas en las fábricas, ocupaciones de fundos, manifestaciones masivas de los pobladores sin vivienda de la periferia de Santiago, movilizaciones crecientes de los estudiantes… Cuando faltan pocos meses para las elecciones presidenciales, millones de campesinos cumplen exitosamente el primer paro agrario de la historia chilena y al poco tiempo la central obrera paraliza el país durante 24 horas. Los comités de la Unidad Popular se reproducen con tal rapidez que en septiembre del ‘70 eran 14.800 en todos los puntos del territorio. La campaña es una batalla violenta con la derecha que recluta matones en el hampa; más de 50 locales de la UP son destruidos por atentados de grupos fascistas. El 4 de septiembre Allende gana con el 36% de los votos. Un enorme sector del campesinado, la clase media urbana y las mujeres se pronuncian por la izquierda. El festejo popular cubre todo Chile.
El programa de la Unidad Popular y su política
El programa de la UP, una alianza del Partido Comunista y el Socialista, con sectores desprendidos de la Democracia Cristiana y del Partido Radical, plantea diversas nacionalizaciones y una reforma agraria con métodos capitalistas (indemnizaciones y respeto a la propiedad privada). La UP reivindicaba el “constitucionalismo” para enfrentar así cualquier poder autónomo de los explotados. La reivindicación irrestricta de las “instituciones” se oponía a las ocupaciones de tierras, a las manifestaciones de autodefensa obrera contra la derecha y a la acción directa de los obreros contra las grandes propiedades capitalistas.
En octubre de 1972 la tensión alcanza un pico sin precedentes y estalla una “insurrección patronal”. Se generaliza el mercado negro, el desabastecimiento y la desorganización económica. La derecha se larga a una huelga de camioneros que extrema el caos social. Sin embargo, la reacción obrera deja completamente descolocados a los reaccionarios y sorprende a la propia UP. Centenares de fábricas son ocupadas y los trabajadores las hacen funcionar sin gerentes ni patrones. En los barrios brotan organismos de control popular contra el desabastecimiento, los grandes comercios son obligados a abrir sus puertas por la fuerza. En el sur se producen requisas de camiones para garantizar el transporte de alimentos. La insurgencia toma la forma de un doble poder: aparecen los Cordones Industriales que coordinan la acción de las fábricas ocupadas. Las Juntas de Abastecimiento se multiplican y adoptan funciones ejecutivas en el control de la compraventa de alimentos. En el campo aparecen los Consejos Comunales, nucleando a los ocupantes “ilegales” de fundos.
Ante el doble poder, Allende convoca al gobierno cívico-militar
Es precisamente luego de los sucesos de octubre del ’72 que Allende recurre al ejército y nombra en noviembre tres ministros militares. No es una improvisación. Desde el mismo día en que asume intenta congraciarse con las fuerzas armadas. No depura a la oficialidad reaccionaria ni toca a los servicios de informaciones, aunque sabe que están en manos de la CIA. Ni siquiera sugiere cambios en las juntas de calificaciones del alto mando, como habían hecho sus antecesores. No objeta la relación militar con el imperialismo ni la participación en los operativos Unitas. Todas las solicitudes de equipamiento son satisfechas por el presupuesto nacional. Es claro que con la designación del gabinete militar, Allende espera tranquilizar a la burguesía y, por sobre todo, reforzar la independencia del gobierno respecto de las masas insurrectas e inclusive de la propia UP. Se dicta el “estado de emergencia” y una ley de “requisa de armas” que sirve para iniciar una campaña de allanamientos a los arsenales obreros en formación. Se plantea limitar rigurosamente el número de nacionalizaciones y se reclama, además, la devolución a sus propietarios de 123 empresas ocupadas por los obreros. (Cuando ahora el sociólogo chileno Tomás Moulian dice que el “carácter revolucionario de Allende consistía en su propósito de democratización radical de todas las esferas de la vida social como eje de la transformación social”, simplemente no sabe de lo que habla.)
En octubre-noviembre del ‘72, la burguesía percibe ya que para cortarle el paso a la revolución no basta con las concesiones políticas que hace el gobierno a los contrarrevolucionarios. Las utiliza, en realidad, como una pantalla para la preparación de un golpe en regla. Cuenta para esto con la colaboración del gobierno y del PC. Así, el diario del PC – El Siglo – repite: “Hemos tenido, tenemos y tendremos confianza en las fuerzas armadas”. Entre tanto, los locales de la izquierda son allanados cotidianamente por los militares y los pocos fusiles recolectados por los obreros son incautados por la Marina.
En agosto del ‘73 se produce la ofensiva final de la burguesía. Las cámaras empresariales se pronuncian por el golpe y desatan el caos comercial y la hiperinflación. Los hospitales dejan de funcionar y la radio transmite cada 5 minutos una tanda publicitaria que pide la renuncia de Allende. El día 24 de agosto, el jefe del Ejército, Prats, da el último paso: presenta su renuncia y Allende lo sustituye por… Pinochet. (Pinochet le contó a su biógrafo que Prats lo recomendó para el puesto [La Nación, 15/9].) El 11 de septiembre estalla el golpe y se impone rápidamente en todo el país. La ilusión da paso a la tragedia.
Treinta años después, polémico reconocimiento de… Pinochet: “Me recomendó el Partido Comunista…”
Pablo Rieznik
En ocasión del reciente aniversario del golpe pinochetista de 1973 cuestionamos, desde estas mismas páginas, el mito de que el gobierno de Allende se encaminaba a fundar un socialismo “sui generis” en el país trasandino (ver Prensa Obrera Nº 818). La tragedia personal de Allende, que se suicidó para no entregarse a los genocidas, no debe opacar la verdad histórica, es decir, que su derrocamiento se explica por la incapacidad de su administración para frenar el ascenso de la revolución chilena.
Lo cierto, inclusive, es que Allende siempre condicionó su profesión de fe socialista (formal) al mantenimiento del orden burgués – no, como se afirma unilateralmente, al mantenimiento de la legalidad y del llamado estado de derecho, que no es exactamente lo mismo – . Por eso destacamos la importancia del “Estatuto de Garantías” que firmó en 1970 – luego de ganar las elecciones y antes de asumir la Presidencia – , en el cual se comprometía a mantener la integridad y verticalidad del aparato represivo, la intangibilidad del control clerical sobre el aparato educativo, y de los monopolios capitalistas sobre los aparatos de comunicación (es decir, de los aparatos antidemocráticos que constituyen el fundamento del Estado “democrático”). Tal “Estatuto”, por supuesto, no era una exigencia del orden jurídico vigente ni de la Constitución chilena; suponía más bien su violación para mantener en pie al Estado capitalista.
Tampoco respondía a una exigencia legal la incorporación de los mandos militares al gabinete presidencial cuando Chile ingresó abiertamente a una situación revolucionaria en octubre de 1972. Puede sonar fuerte la afirmación de que mientras la revolución progresaba en la construcción de los “cordones industriales” y los organismos de doble poder en las ciudades y el campo, lo que se atrincheraba en el poder con Allende era la contrarrevolución. Pero, no por eso deja de ser verdadera.
La política del PC-PS, que sostenían a Allende, era el desarme de la revolución y que avanzara con “rostro humano”, no el socialismo sino la contrarrevolución (o sea, una contrarrevolución sin golpe militar). Esto suponía disciplinar a esta última al propio gobierno de la Unidad Popular. Para esto Allende estuvo negociando, en las semanas previas a su caída, un pacto con la Democracia Cristiana (otra vez, extraparlamentario y no constitucional) y la eventualidad de un plebiscito. Fue como parte de estas maniobras que el propio Allende designó a Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército. Al mismo tiempo, una ley “de emergencia” ordenó requisar el armamento obrero, y esto como excusa para poner “en operaciones” a la tropa contra el pueblo insurgente. En el mismo artículo de P.O., ya mencionado, citamos al diario del PC de la época llamando a “confiar en las Fuerzas Armadas”.
Disponemos ahora de un reportaje reciente concedido por Pinochet a un historiador norteamericano de su entera confianza (reproducido en la revista sanjuanina Plural del 19 de septiembre pasado), en el cual el senil verdugo, suelto de lengua, confiesa “una cosa que no la sabe nadie: (que) el Partido Comunista me recomendó con Allende; ellos sí – agrega- se equivocaron conmigo”. La disquisición sobre tal “recomendación” es relativamente intrascendente, porque las pruebas de que el PC apoyó e inspiró la política de rodear de militares al Poder Ejecutivo y de desarmar a los obreros y campesinos son abrumadoras. Es una línea que conducía a un “autogolpe” de Allende, en parte consumado con la incorporación de los ministros militares, que podía desenvolverse en la dirección de acentuar la militarización. El propósito era elevar al gobierno como árbitro para poner al país en caja , más allá de las instituciones representativas.
La confirmación de esta línea del PC y Allende aparece en el mismo reportaje, cuando el historiador de marras – y Pinochet – admiten que “Allende había logrado aproximarse muy bien a los altos mandos del Ejército, la Armada y Carabineros (y que ) quería dar un autogolpe”. No está claro a quién incluiría el “autogolpe”. Aunque Pinochet sugiere que podría ser comandando por su antecesor – el general Prats – el planteo de avanzar hacia un gobierno “cívico-militar” por parte del tándem Allende-PC, que pudiera integrar al propio Pinochet, no debe ser descartado. Entonces, la eventual “recomendación” del PC es algo más que una equivocación. (En todo caso, repitieron la “equivocación” cuando plantearon una orientación similar en la Argentina en 1976.)
Que admitir esta hipótesis no es un exabrupto lo demuestra el sociólogo hiper-allendistaTomás Moulián, que interpreta el suicidio de Allende como una reacción frente a la “traición” de Pinochet. ¿Traición al socialismo? No, sería absurdo. Es plausible de ser interpretada, en cambio, como el abandono del proyecto de un gobierno cívico-militar y del sometimiento de la revolución bajo el comando del Ejecutivo comandado por Allende-Pinochet. La polarización entre la revolución y la contrarrevolución ya no admitía medias tintas. La verdad histórica, entonces, o las cosas en su lugar.