lunes, 26 de junio de 2023

¿Es antisemita criticar al Estado de Israel?

 


Luis E. Sabini Fernández

https://revistafuturos.noblogs.org/

Desde que la IHRA redefinió el antisemitismo ya no como rechazo a lo judío propiamente dicho sino como rechazo también a lo israelí, se ha producido una ola de antisemitismo en el mundo, sin precedentes, por su alcance.

En Argentina esto ha tomado vuelo con la acusación judicial de Waldo Wolff contra Horacio Pietragalla. Estamos hablando del secretario de Asuntos Públicos porteño y del secretario de Derechos Humanos de la Nación respectivamente, y la acusación tomó cuerpo en este mismísimo mes de mayo, 2023.

Nos tememos que pese a que el IHRA debe considerarse conocido urbi et orbi, vale la pena describir qué hay detrás de la sigla, que imaginamos conocerá apenas un puñado mínimo de gente.

International Holocaust Remembrance Alliance, Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, es una organización fundada en 1998. Considerable rezago, si tenemos en cuenta que se invoca lo acontecido durante el nazismo, más de medio siglo antes

También resulta notable advertir que “la solución final” esgrimida por el nazismo en 1942 se “socializó” con el nombre de “Holocausto” no en 1945, al fin de la 2GM, como uno podría imaginar, sino cuando Hollywood produjo un material fílmico que sensibilizó multitudes. En 1978, con la serie (episodios) Holocaust. Dos aspectos de la cuestión fueron marcados mediáticamente: un universo concentracionario con la muerte como protagonista y su misma designación.

¿Por qué se tardó más de tres décadas en generalizar una designación que “los hechos históricos presentados” nos inducen a creer fue algo inmediato?

¿Y por qué se tardó en total más de medio siglo (1945-1998) para instaurar una institución referida a tan claro acontecimiento?

No vamos a creer que fue por falta de fondos o de apoyos mediáticos. Si algo se vio durante los juicios de Nüremberg de 1945 (no los nazis, de 1935, en la misma ciudad, sino los del estrado judicial montado por las potencias vencedoras al fin de la 2GM), es que todo se orquestó sin dificultades y que su estructura administrativa fue tripulada por judíos. Algo que le hizo comentar a miembros del Ejército de EE.UU., durante las sesiones de los juicios que semejante empeño, aunque laudable y comprensible, resultaba lesivo para la credibilidad de las instancias de los juicios y que habría sido mejor dejar cubiertas algunas áreas por personal de diversas procedencias, para otorgarle mayor respetabilidad a lo obtenido.

Desde 1945 hasta bien entrada la década de los ’70 la visión de la peripecia vivida por judíos, y gitanos, homosexuales, socialistas, cristianos, comunistas, anarquistas bajo el 3er. Reich, recibió diversos calificativos, uno de tantos, holocausto.1 Tras la 2GM uno de los calificativos más empleados, procurando justipreciar el alcance del daño fue genocidio.

Más allá de los calificativos de lo acontecido durante el Reich nazi y lo acontecido en sus campos de concentración, el IHRA irrumpe con la ampliación de la noción de antisemitismo refiriéndola a Israel.

Vale la pena repasar la caracterización del antisemitismo de IHRA:

- el antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos;

- las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes;

- las manifestaciones pueden incluir ataques contra el Estado de Israel concebido como una colectividad judía;

- sobre el poder de los judíos como colectivo, por ejemplo, aunque no de forma exclusiva, el mito sobre la conspiración judía mundial o el control judío de los medios de comunicación;

- culpar a los judíos como pueblo o a Israel, como Estado, de inventar o exagerar el Holocausto;

- acusar a los ciudadanos judíos de ser más leales a Israel, o a las supuestas prioridades de los judíos en todo el mundo, que a los intereses de sus propios países;

- establecer comparaciones entre la política actual de Israel y la de los nazis;

- considerar a los judíos responsables de las actuaciones del Estado de Israel.

Es una larga, aunque seguramente incompleta enumeración de lo que el IHRA se propone denunciar como “antisemita”. Es una mezcla que no ayuda ciertamente a esclarecer sus zonas vidriosas o de conflicto.

Denuncia que el Estado de Israel sea concebido como “una colectividad judía”. ¿Qué tendría que ser si no? ¿Un estado laico?, ¿una asociación gremial?

Repudia que los judíos sean vistos como colectivo en los medios de comunicación. Pero es evidente que los trolls israelíes del periodismo ejercen una labor de consuno.

Luego de una matanza de largo alcance2 en la Franja de Gaza a cargo de los militares israelíes que tuvieron la sinceridad o estulticia de bautizarla como “Operación Plomo Fundido” (2008-2009), casi enseguida salieron a los medios masivos con un nuevo estilo de argumentación, organizado desde The Israel Project. Global Language Dictionary, que se inicia con “un glosario de palabras que tienen efecto”. A GLOSSARY OF WORDS THAT WORK.

Estamos claramente ante un diseño militar de enfrentamiento, aunque en este ejemplo se ejerza a través de diccionarios (y palabras).

En el decálogo de prohibiciones que hemos transcrito, se niega que pueda haber judíos más leales a Israel que a sus países de origen. Nos guste o no, es un fenómeno bastante generalizado y no entendemos su negación, cuando incluye hasta sonados casos judiciales.3

Tampoco entendemos de dónde provendría la imposibilidad de comparar credos racistas o políticas que privilegian una etnia sobre las restantes en una sociedad dada, como es el caso de Israel.

Uno de los “decálogos” inhibe toda consideración a que los judíos sean responsables “de las actuaciones del Estado de Israel.” ¿Y entonces? ¿Serán responsables de las actuaciones de Dinamarca, Senegal o Bolivia? Y en Israel, ¿quiénes serán los responsables? ¿Chiítas, budistas, católicos, librepensadores?

En resumen: no entendemos lo que pretende IHRA. Y lo que pretende y entendemos es ominoso. Un descaro político sin precedentes: la política como impunidad. Y la sustitución del análisis y la crítica política por un listado de “prohibido pensar”.

¿De qué acusa Wolff a Pietragalla? “[…] de afirmar que la existencia de Israel es un proceso colonizador y racista luego de participar oficialmente en una muestra fotográfica que recuerda la ‘Nakba’, el masivo éxodo palestino que se produjo tras la fundación del estado israelí.”

¿Sostiene acaso Wolff que Israel no tuvo un proceso colonizador y racista? ¿Qué fueron las alliah, por ejemplo? ¿Y el requisito para integrar kibutzim, exclusivamente con judíos? ¿Cómo se llama eso en castellano? Me da la impresión que Pietragalla conoce en este caso mejor nuestro idioma.

”Wolff alegó que las declaraciones del funcionario ‘se dirigen a las instituciones de las comunidades por lo que son consideradas antisemitas’.” Aquí, quien no parece entender el castellano o desconocer causalidades es el autor de este abordaje, o quien lo transcribe. No captamos porqué serían algunas instituciones, “antisemitas”.

A las dificultades idiomáticas de la última impugnación de Wolff tenemos que agregar nuestro trastorno ante su manejo temporal: sostiene que no se puede aceptar lo que ve como una excusa: que Pietragalla se solidarice con “una conmemoración tardía”.

¿Qué significa esto de conmemoración tardía? Nakba alude a la fecha de cuando Israel generaliza su Plan Dalet (15 mayo 1948). Un plan a sangre y fuego, con miles de muertos y cientos de miles de desplazados. Sostiene Wolff: “no es necesario sostener que la existencia de Israel es un proceso colonizador y racista”, para adueñarse por la fuerza del territorio palestino.

“No es necesario sostener… ¿porque es falso? o ¿porque es inconveniente? Y si Israel no fuera un estado colonialista y racista (prácticamente conceptos intercambiables), ¿cómo y por qué se habría producido la Nakba?

Wolff no pide poco. Cree rastrear un kirchnerismo antiisraelí oculto (tal vez expresado entonces, en los ‘40 como peronismo) porque Argentina no apoyó en 1948 el informe de la ONU sobre la cuestión palestina… y lo hizo… en 1949. Por otra parte, la Argentina “peronista” acogió en su territorio amplio contingente de judíos desplazados o perseguidos en Europa (recordemos que Argentina fue, antes del auge del sionismo, asiento de muchos judíos desplazados en países europeos).

Aunque en 1948 buena parte de los llamados estados latinoamericanos aprobaron el informe mayoritario de la ONU, varios lo hicieron, como Argentina, al año siguiente; Colombia, Chile, México, Honduras, El Salvador, sin que se conozca de ninguna agresividad manifiesta antiisraelí.

En resumen, lo que incomoda a Wolff es que Pietragalla haga referencia a aspectos fácticos, incontrovertibles como el hecho colonial y su hermano siamés, el racismo, y no se atenga a lo suscrito por el gobierno argentino;4 el reconocimiento de la definición de “antisemitismo” que de unos años a esta parte difunde el Estado de Israel y sus más próximos aliados por todas partes y que consiste en negar muchas de las críticas “sensibles” al Estado de Israel, su historia, su fundación, sus presupuestos.

La DAIA también había criticado a Pietragalla, exactamente por lo mismo y Wolff recoge ese cuestionamiento, “por criminalizar al Estado de Israel y deslegitimar su derecho a la existencia”.

Pero más allá de los epítetos y calificaciones, es saludable atenerse a los hechos históricos, Y tales nos dicen que los sionistas se apoderaron tras una operación militar de casi todo el territorio palestino, que NO coincide ni siquiera con la división entrevista por la ONU, que ya era de por sí altamente favorable a un futuro estado israelí, brindando un 53% de un territorio vivido por una minoría judía. El Plan Dalet llevó la superficie del futuro estado judío al 78% de la Palestina histórica. Es decir el plan sionista se desentendía del ofrecimiento de la ONU y hacía “su propia cosecha” manu militari. Basado en el sufrimiento judío a manos del nazismo. Los palestinos –musulmanes, cristianos y en un primer momento, hasta judíos– se preguntaron y les preguntaron a las “autoridades” onusianas por qué debían los palestinos pagar “los platos rotos” de conflictos ajenos.

No hubo respuesta.

Lo que sí hubo, fue el trámite “habitual entre vencedores y vencidos, y particularmente, entre pueblos señoriales y pueblos a los que el poder planetario no les concedía entidad, personalidad, madurez. Al respecto, es muy instructivo leer los argumentos de la progresía onusiana a fines de los ’40 sobre este conflicto.

Escribe Jorge García Granados, embajador guatemalteco ante la ONU y designado como jurista de abolengo para atender el diferendo: “los árabes sostienen que Palestina fue cedida a la parte interesada: la población del país para ellos. Pero el art. 1 del Tratado de Lausanna establecía la renuncia de los turcos [… y ninguna referencia a favor de los habitantes].

El equipo jurídico onusiano estaba administrando ‘los bienes mostrencos’ que la derrota de Turquía (y de Alemania y Austria) tras la 1GM dejaba “libres”.

Y García Granados no encuentra pasaje alguno del tratado entre vencedores y vencidos en que se establezca […] “que ellos [los palestinos] son parte interesada.” Y el certero jurista apela entonces: “[…] los principios generales […] sólo los estados soberanos pueden ser sujetos en el derecho internacional.” 5 Queda claro entonces que los palestinos, pese a su brega independentista, su lucha por la emancipación (local o panárabe) pueden ser ignorados. Porque el derecho internacional le da fuerza de ley a los estados ya constituidos (que no la han perdido por ser derrotados). En resumen, que el Reino Unido, que acaba de cederles el territorio al ejército israelí, o EE.UU. con su despliegue geopolítico transncontinental, son los que deciden.

Esto es historia. Con lagunas, inevitablemente, pero sin prohibiciones previas.

ARGENTINA

 

DERECHOS HUMANOS: DOS ROSTROS DE UNA ARGENTINA BIFRONTE

Luis E. Sabini Fernández https://revistafuturos.noblogs.org/

1. ¿Qué hacer con una policía, que al menos cuenta con delincuentes en su seno?

Lucas, un adolescente sobrio y empecinado en su camino a una excelencia futbolista, morocho, cosechó algo que tantas veces “los marrones” tienen que sobrellevar en esta tierra presuntamente democrática: el racismo. Y particularmente el racismo patoteril de policías.

En 1960, a la luz de lamentable jurisprudencia, se incorporó al proyecto de Código Penal la figura de “odio racial”. Estamos hablando de hace más de medio siglo.

Al respecto, por ejemplo el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) advirtió ante la ONU preocupación respecto de “la persistencia de la práctica del uso de perfiles raciales por parte de las fuerzas policiales y otros agentes del orden, que afecta en particular a las personas pertenecientes a pueblos indígenas, afrodescendientes, migrantes, solicitantes de asilo y refugiados, resultando en muchos casos en violencia policial y, en algunos casos en la muerte de las víctimas”. 1

Al producirse las más de las veces estos abusos y delitos desde fuerzas de seguridad (que pueden ser raciales, como aparece en este caso, pero que también tienen otras causas), por parte de titulares monopólicos de la fuerza y de la investigación de esos mismos delitos, tales actos se complican. Por ejemplo, se los hace pasar a menudo “por otra cosa”; por “enfrentamientos”. Que suelen “adobarse” con versiones complementarias, por ejemplo que se repelió la agresión de los malvivientes con el resultado de un “delincuente abatido”. En el caso que venimos glosando, se llegó a difundir tal “info” en partes oficiales de prensa.

El triste caso que señalamos, la injusta, brutal, infame muerte de Lucas González, reiterando ese modus operandi que hemos reseñado, tiene, empero, una variante que arroja luz sobre el tejido social argentino.

Héctor Claudio Cuevas, principal de la comisaría en cuya jurisdicción sobrevino ”el operativo”, fue uno de los primeros policías que se acercó al sitio del presunto enfrentamiento. Estaban el vehículo policial y sus tres ocupantes y el vehículo interceptado con los cuatro jovencitos, aterrorizados y uno de ellos Lucas, ya con el balazo fatal alojado en su cabeza.

Como la versión oficial brindada por los tres policías actuantes hacía referencia a la detención de malhechores, el principal procedió a esposar a los otros tres. Pero por lo visto, Cuevas siguió en el “teatro de operaciones”. Y tal vez fue uno de los que se dio cuenta que la versión de que se habían “trabado en lucha”, la de “repeler la agresión de los malhechores”, se le fue haciendo notoriamente falsa. Fue testigo presencial de cómo se acercaba otro policía con un arma en la mano y cómo un superior le indicaba tirarla dentro del vehículo de los cuatro muchachos. Y aunque la versión policial fue la inicialmente recogida por la prensa que nunca investiga, solo reproduce, lo cierto es que pasada la conmoción, hace año y medio, en el momento de la reconstrucción y ya con el juicio adelantado y con muchas interrogantes que el padre de Lucas y abogados a su lado con sed de justicia, como Gustavo Dalbón, albergaban, sobrevino la declaración del mencionado principal, explicando lo que efectivamente había visto; las malandanzas de policías ”reconstruyendo” el incidente a su manera. Dijo sencillamente la verdad. Pero aclaró: “Si yo decía esto antes me mataban a mí o a mi familia, porque esta gente mata y miente como lo hicieron con Lucas". Así cerró Cuevas su declaración frente a los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°25.” 2

“Entré en pánico, pensé en mi familia. mis hijos”, declaró el acusado para dar cuenta de porqué no había hablado antes”.3

Observemos que estamos hablando de un año.

Otra frase que se publicó en las audiencias cuando todo el episodio perdió las afeites de falsedad y brotó la verdad desnuda: un comisario de la 4ª (Ozán): "le dije a Inca que está como subcomisario que vaya y busquen lo que tengan que buscar para justificar esto". Fue el arma trucha (de juguete) que arrojaron al interior del coche baleado.

¿Qué significa, socialmente hablando, que un oficial de policía haya optado por decir la verdad rompiendo los códigos de complicidad interna que nos tememos tan habituales en la organización policial (como por otra parte, en la enorme generalidad de las organizaciones, que siempre alegan que hay que ventilar los trapitos para adentro, nunca “al sol”?) Tiene un enorme valor social, psíquico y ético. Así, se puede abrir paso a la verdad.

Entendemos que el comportamiento de Cuevas tiene cierto parentesco con el movimiento de los derechos humanos que se generó sobre todo tras la dictadura de 1976. Existía de antes, pero Madres de Plaza de Mayo y Abuelas, y no sólo ellas, tonificaron esa necesidad, esa búsqueda de la verdad.

En Argentina la búsqueda de verdad y justicia fue tan fuerte (como antes había sido intenso el grado de atrocidad –y negación– ejercido desde el poder) que no sólo alcanzó a madres, padres, abuelas, abuelos, familiares, abogados corajudos. Con el tiempo, la sensibilidad ante tantos delitos alcanzó a los hijos, a quienes no habían vivido directamente la represión o la habían sufrido sí, pero como infantes o bebes.

Y pasando más tiempo todavía, han sido hijos de represores quienes han pedido cuenta de tales actos a sus progenitores. Han roto familiarmente, han hecho cambios de apellido. Todo eso habla del alcance del repudio a la política de desapariciones, torturas, terror, que llevó adelante una parte de la Argentina sobre el resto.

La actitud de Cuevas, aun demorada y todo, tiene el mismo tono ético que lo que generó la lucha por los derechos humanos tras la dictadura.

2. ¿Qué sucede en una sociedad cuando un hijo de desaparecidos, con el tiempo ingresado al universo de la política, hace “acuerdos de caballeros” con una empresa dedicada a la discriminación, el saqueo, las arbitrariedades, al racismo liso y llano en el rubro que ejerce? Un rubro fundamental: administración y distribución de agua potable.

Hijo de desaparecidos, un bebé cuando asesinan a su padre (noviembre 1976), tendrá apenas año y medio cuando en nuevo operativo serán masacrados su madre, otra vez embarazada –que salva a su primogénito escondido bajo su cuerpo–, acribillada por la espalda. El pequeño sobreviviente queda a cargo de vecinos, y esa misma noche vienen en consabidos vehículos quienes dicen ser sus tíos y se lo llevan.

Desaparecido y finalmente rescatado, tres meses más tarde, por familiares que lograron “mediante contactos” con un jerarca de la dictadura, como el inefable Guillermo Suárez Mason, esa recuperación. Y con ese bagaje y carga psíquica llegó a adulto. Y así, en 2001, veinteañero, cuando la represión, esta vez “democrática”, golpea una vez más a las Madres le fue dado defenderlas. Y fue a su vez reprimido y golpeado severamente, cosechando ahora otras lesiones, bien físicas, amén de las cosechadas en su primer tiempo de vida.

Alguien que realmente conoció la represión, el abuso, el despotismo atroz de un poder desnudo, Wado de Pedro se ha constituido en figura clave para un proyecto político nacional.

A la vez, ha devenido pivot argentino para que la empresa israelí Mekorot se convierta en supervisora y consejera de la gestión del agua en el país y particularmente en 5 provincias.

Mekorot ya fue resistida por el sindicato que agrupa a los trabajadores de agua corriente en el país, a principios del s XXI.

Pero vemos que Mekorot tiene resto, o apoyos o contactos, para insistir en sus planes se supervisión de aguas. Y Wado de Pedro se limita al contacto “técnico” con Mekorot.

La foja de servicios de Mekorot en Israel, mejor dicho en Palestina/Israel, es altamente significativa y responde “armónicamente” con todo el proyecto colonial sionista mediante el que se le arrebató la tierra a población palestina para dar lugar a un proyecto colonial (del que sobrevendrá Israel): ‘para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio en los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie.’ (Theodor Herzl, fundador del sionismo moderno).

Nada original, ciertamente, porque es lo que a fines del s. XIX y principios del s. XX constituía el pensamiento dominante de las élites gobernantes: el colonialismo.

Semejante proyecto implica necesariamente la desigualdad entre colonizadores y colonizados. El racismo es su fuente nutricia.

Mekorot fue fundada en 1937 en pleno proceso de la implantación sionista en Palestina, cuando la organización sionista del territorio ya había diseñado una administración paralela a la turca primero y a la británica después, y el conflicto con la resistencia palestina era ya muy fuerte: entre 1936 y 1939 hay una suerte de levantamiento civil palestino, con huelga general y episodios de violencia, ahogado en sangre por británicos y sionistas coaligados.

Para entonces, la organización sionista no solo tenía ya sus fuerzas militares y sus redes de espionaje, que dañaban el tejido social palestino mediante espías (mistarvim) que aparentaban ser palestinos oriundos solo para causar estragos (por ejemplo, dejando “amigablemente” una camioneta para reparar en un taller de barrio… camioneta que a las horas volaba por el aire junto con el taller y las viviendas linderas y el consiguiente tendal de muertos, hombres, mujeres niños…).4 Tenía además sus centros de enseñanza (incluso universidad, desde 1918), sus servicios bancarios, eléctricos… y el agua.

Mekorot proviene de ese tormentoso momento y se dedicará a administrar el agua de cada vez más todo el territorio. A medida que los sionistas asientan su poder, el agua será cada vez más para judíos y menos para palestinos. Menos y más cara. Y esa línea de conducta será efectivizada por Mekorot.

La política de tratamiento desigual y sistemático es francamente cruel. Estamos hablando de agua para bebes, niños, ancianos árabes.… Como bien la define Hernán Moreno: “Mekorot, una empresa capitalista que mata... de sed”.5

Mekorot ha tomado posesión de todas las fuentes de agua potable y no permite que ninguna red u organización palestina ejerza una función paralela. Se considera titular absoluto y total de la provisión de agua.

Crueldad y control del agua escasa en clima árido. Llega al extremo de destruir oficialmente, por fuerzas militares, pequeños depósitos familiares de agua de lluvia. De modo “espontáneo” también se registran balaceras a depósitos de agua en zonas de viviendas palestinas, en su parte baja para que por allí se escurra lo trabajosamente atesorado.

¿Qué puede “enseñar” Mekorot en Argentina? ¿Análisis químicos y bromatológicos, métodos de desalinización o de depuración de tóxicos? No será por cierto cómo hacer acequias a los mendocinos o convertir agua en el tan estimado vino, bien regado, mendocino. ¿Será acaso cómo repartir el agua entre ricos y pobres, entre “marrones” y blancos, que bien podría figurar en la impronta cultural de ciertas capas patricias argentinas, eternamente amenazadas por el populacho?

¿Los marrones constituidos en involuntarios protagonistas del punto 1?

Wado de Pedro, encarando una relación ‘puramente técnica’ con Mekorot, despolitizándola, nos aleja de una verdad, que no aparece directamente, pero existe: la política de poder de Israel. Que no se limita por cierto a la Palestina histórica.

Que nos aleja de la vida.

Dos secuencias que constituyen cara y cruz de la realidad argentina.

Luis E. Sabini Fernández

 

águilas y palomas en nuestro gallinero

Borrando el pasado, nublando el presente

Luis E. Sabini Fernández

https://revistafuturos.noblogs.org/

Nuestro inefable presidente, Luis Lacalle Pou, cual demiurgo temporal, tras decisiones gubernamentales que configuran el incognoscible futuro de nuestro país, concedió a un consorcio transnacional 60 años de administración portuaria –con lo cual su firma tiende a embretar las de los próximos doce presidentes–. Ahora ha decidido también por sí y ante sí, modificar el pasado.

Por supuesto que, como siempre, con las mejores intenciones y en aras de los más altos objetivos. Invocando la paz, no para concretarla pero sí para reverenciarla.

Lacalle Pou, decide que la enorme escultura en bronce del águila “guerrera” –emblema nazi– con su gigantesca esvástica, que fuera extraída de los restos del acorazado de bolsillo Graf Spee, hundido en aguas territoriales uruguayas, cerca de la costa montevideana, sea fundida y trasmutada en paloma de la paz (para lo cual, cuenta finalmente con la aquiescencia de tal vez el escultor estrella vivo de mayor renombre en nuestro país).

Enfrentando o mejor dicho, ignorando el significado histórico que podría tener rescatar todos los restos del Graf Spee, incluyendo el águila en bronce, nuestro presidente opta por la apuesta ideológica y militante: desconocer el pasado, basándose en un planteo que sabe caro a todos los poderes más o menos satisfechos del presente. Porque ya sabemos que todo poder establecido se convierte en defensor nato y neto de la paz: la paz es lo que asegura lo conseguido, lo establecido. En este aspecto, no figura si lo que se ha obtenido es justo o no; es lo que se ha obtenido.

Tal lo acontecido, históricamente, con la pax romana, la pax britannica. Y es de ese mismo modo, que la dirigencia de EE.UU. ha invocado durante décadas “su” pax americana.

La decisión presidencial nos lleva directamente a George Orwell y su visión de los reconstructores del pasado. Ingsoc, el pesadillesco estado omnipresente de 1984, tenía su Dpto. de Actualización Histórica, que refrescaba la memoria de acuerdo con una geoestrategia imperial siempre presente. Y si ayer había servido tener un pasado condenando un acontecimiento, hoy la coyuntura podía necesitar borrar ese pasado condenatorio y tener, por ejemplo, uno nuevo que glorifique otro punto de vista, de pronto opuesto al anterior. Porque lo que importa no era reconocer la veracidad de lo acontecido sino ajustarse a las necesidades de la coyuntura presente. Y para Luis Lacalle Pou, ¿hay algo más importante que santificar el credo geopolítico actual? ¿Cuál es? La paz, ya todo el mundo lo sabe, al menos desde que “los rusos invadieran”.

Repasemos la historia inmediata: ¿el mundo occidental defiende otra cosa? ¿Qué fue sino defender la paz arrasar Irak y asesinar a su líder, frustrando la formación de una bolsa de monedas para el negocio transnacional del petróleo arrebatándole al dólar su monopolio? ¿O invadir Libia y asesinar a su vez a otro líder empecinado en forjar una moneda panafricana que claramente desafiaba el área dólar? ¿Acaso EE.UU. ha defendido otra cosa que la paz al invadir Panamá para cortar de raíz el populismo de un exlugarteniente suyo?

Y cuando el eje EE.UU. y su chirolita UE inicia su política de incorporación de Ucrania –valiosísimo granero de Europa– al “mundo occidental”, angostando un poco más el “cerco sanitario” establecido a la Rusia exsoviética, y Putin reclama un derecho de “autodefensa” al estilo del esgrimido por EE.UU. para sus tantas

incursiones (las nombradas o Haití, Granada, Colombia, República Dominicana, Siria e incontables etcéteras), la lógica institucional que caracteriza a la mayoría de las representaciones nacionales de la ONU, soslaya semejante demanda y Putin, con torpeza, invade Ucrania, carente del experimentado oficio interventor que caracteriza a EE.UU. en sus frecuentes incursiones internacionales.

Y esta invasión, rusa, sí, puede ser duramente criticada.

La decisión presidencial ha recogido el beneplácito de quienes albergan sin duda la misma noción de omnipotencia que ha caracterizado al presidente con su nueva alquimia. Como siguiendo las leyes del perro de Pavlov, “Roby Schindler, presidente del Comité Central Israelita del Uruguay, dijo que para él es una ’idea maravillosa’ y una ‘muy buena noticia’ la metamorfosis del símbolo nazi. ‘Es un elemento de odio y de guerra que se transforma en un elemento de paz’.1

Pero afortunadamente el úkase presidencial ha encontrado también reparos en el país: lo cual es muy reconfortante.

Claudio Invernizzi, por ejemplo, precisó: “Es un disparate. Esa águila, tan brutal y amenazante, es una señal histórica de la barbarie a la que es capaz de llegar la especie. Transformar un pájaro no transforma a la humanidad, la disimula. Y borrar la simbología del horror, alienta al horror.2

Y si la primera parte de su planteo es valioso y nítido, su segundo momento es todavía más sabio porque revela no sólo la inanidad del proyecto sino su misma toxicidad. Si borramos un horror, estamos alentando a repetirlo. Se nos incapacita para generar la resistencia.

De ese modo, estaremos más débiles para rechazarlo al presentarse. Porque no lo hará con las consabidas ropas del pasado: la nueva intolerancia, no se vestirá de Tercer Reich, obviamente.3

Ya sabemos cuán cargados estamos al día de hoy de cancelaciones. Y ésas no recaen sobre los casi inexistentes nazis, por cierto.

hidrógeno verde

Paula Collazo: “Es muy preocupante que el hidrógeno verde se haga con agua subterránea que debiera considerarse como una reserva estratégica”
Publicado el 24 de junio de 2023
Escribe Camila Méndez en Agua

La hidrogeóloga conversó con la diaria sobre por qué Uruguay “no tiene tantas reservas de aguas subterráneas dulces como suele pensarse”, la sobreexplotación de los acuíferos, la necesidad de declarar algunos de ellos como reservas de agua subterránea protegida y los peligros de crear hidrógeno verde a partir de este recurso.

¿La crisis hídrica que vive nuestro país marcará un antes y un después en la importancia que le otorgamos al agua dulce? Más allá de las posibles respuestas a esta pregunta, es innegable que se quebró el mito de que Uruguay posee fuentes inagotables de ese bien común. Más que nunca, es necesario preservar su calidad y su cantidad en las diferentes formas que se encuentra disponible.
En este contexto, donde el agua que sale por las cañerías ya no es potable, el agua subterránea se volvió protagonista en la discusión pública como una de las posibles soluciones para el abastecimiento en la zona metropolitana. Comenzaron a gestarse redes vecinales para compartir la obtenida de pozos e incluso OSE realizó perforaciones en varios puntos de Montevideo para abastecer hospitales. Sin embargo, “al incrementarse la demanda de agua subterránea, empiezan los problemas, ya que no está gestionada ni planificada”, dice Paula Collazo, doctora en Ciencias Geológicas por la Universidad de Buenos Aires y responsable del área de Recursos Hídricos Subterráneos del Instituto de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.
Mis tiempos no son tus tiempos
“Al igual que el agua superficial, el agua subterránea forma parte del ciclo del agua y también se ve afectada por los prolongados períodos de sequía, principalmente los acuíferos libres que se recargan directamente con el agua de lluvia”, explica Collazo. “Un acuífero es una formación geológica que tiene la capacidad de almacenar y de transmitir el agua, que puede ser extraída por medio de pozos. Una de las diferencias principales con el agua superficial son los tiempos muy lentos de circulación dentro del acuífero. Hablamos de días, meses, años y hasta siglos para que el agua pueda recorrer apenas unos metros”, prosigue.
Según señala, cuando la explotación es intensiva y la recarga no compensa la extracción, se empiezan a utilizar las reservas del acuífero y se está frente a una situación de déficit hídrico. En estos casos, aunque se produjera un cese en la extracción, la recuperación podría tardar decenas de años. Por esta razón, el agua subterránea es considerada “un recurso no renovable en la inmediatez”. Este punto será clave cuando más adelante hablemos del hidrógeno verde.
La investigadora señala que los acuíferos más estudiados de Uruguay son Raigón, Chuy, Mercedes, Guaraní, Salto y Arapey. “Se estudian para determinar sus características hidráulicas y químicas porque son los acuíferos más productivos que tiene el país, los más explotados. La mayoría de ellos presenta anomalías en algunos elementos como arsénico, hierro u orgánicos como nitratos. También son los más vulnerables a la contaminación cuando se encuentran como acuíferos libres”, apunta. Pero, ¿quiénes son los principales consumidores? Collazo relata que se trata de la agricultura, que utiliza entre el 70% y el 80%.
Aquí se suma una nueva dimensión para comprender el agua subterránea: “La contaminación se identifica muchos años después debido a los lentos tiempos de circulación”. “Es fundamental contar con monitoreos continuos en los principales acuíferos del país que puedan mostrar si estamos frente a un agotamiento de las reservas o si estamos frente a contaminación. La única forma de ver estos cambios es a través de datos hidráulicos y químicos que tienen que ser sistemáticos, acompañando las épocas lluviosas y secas. Al día de hoy se generan datos en algunos acuíferos, pero son discontinuos y no se observan las variaciones importantes del sistema”, describe. Consultada sobre cuáles son los orígenes de la contaminación de los acuíferos en la actualidad, manifestó que el “nitrato es el principal contaminante del agua subterránea”.
“Generalmente son contaminaciones puntuales, pero en muchos casos ya es una contaminación difusa. El nitrato evidencia una contaminación de tipo orgánico, generalmente por malas prácticas en tambos, feedlots, por uso intensivo de agroquímicos, pozos negros. Hay valores que son muy altos y sobrepasan el límite máximo permitido por la norma Unit 833/08”, complementa. Por otro lado, expresa que en varios acuíferos del país también se han detectado “altas concentraciones de arsénico, que es un metaloide tóxico y que pone en riesgo la salud de quien lo consume”.
Collazo sostiene que “falta gestión del agua subterránea” y que muchas veces en el ámbito político no se entiende la complejidad de su estudio. “El político quiere datos ya, para tener resultados y mostrarlos, y a veces no se puede. Tan importante como tener datos es comprender que los tiempos del agua subterránea son otros”, agrega, indicando que para su gestión “se necesitan tiempos largos”.
Otro punto donde considera débil la gestión es en la falta de controles a las solicitudes de derecho del uso del agua que otorga la Dirección Nacional de Aguas (Dinagua). “Cuando el destino del agua es riego o industria, se tiene que solicitar un permiso para perforar y después una solicitud de derecho de uso del agua, que se otorga por diez años y tiene un volumen de agua por año establecido. Pero ¿cómo se controla ese volumen? En un acuífero intensamente explotado como el Raigón, ¿hasta cuándo se pueden conceder derechos de uso del agua y cuáles son los volúmenes a otorgar? Tienen que otorgarse de acuerdo con el gasto, con las reservas del acuífero y los usos, siempre siendo la prioridad el abastecimiento humano. Esto no se hace”, resalta. Suma que existe “un elevado número de pozos sin registrar, por lo que se desconoce el volumen de agua extraído de ellos”, así como también hay “perforadores individuales que no cuentan con licencia de perforar, pero que igualmente realizan pozos que luego colapsan o se contaminan por no contar con la supervisión técnica necesaria e imprescindible que se exige para poder estar registrado”. Asimismo, reconoce que para llevar adelante las medidas de fiscalización se necesita “fortalecimiento de recursos humanos, mayor capacitación y aumento de recursos económicos que se tienen que verter a la gestión”.
No hay soluciones mágicas
En 2016, el hidrogeólogo Gustavo Popelka propuso en una entrevista con En Perspectiva comenzar a tomar agua del acuífero que está debajo del río Santa Lucía. Esta medida fue puesta nuevamente en el debate público debido a la crisis hídrica actual. Sin embargo, puede que no sea una buena idea llevarla adelante sin estudios previos. “Se trata de un acuífero que se denomina como aluvial. El agua subterránea de allí forma parte del ecosistema del río. El agua subterránea y el agua superficial están conectadas hidráulicamente. Explotarlo implicaría modificar este ecosistema, con el riesgo de reducir o eliminar en su totalidad el aporte que actualmente tiene hacia el río”, explica Collazo.
Paula Collazo.
Paula Collazo.
Foto: Alessandro Maradei
A su vez, indica que para determinar si es “factible” explotar el aluvial sin perjudicar el ecosistema del río es fundamental “generar un modelo hidrogeológico conceptual de funcionamiento que contemple el recurso de forma integral”. De no hacerse, sería un “gran error”, dice, y advierte: “Actualmente, el agua subterránea está aportando agua al río Santa Lucía. Si se empieza a perforar o explotar sin considerar cuál va a ser el impacto sobre el sistema sería muy peligroso”. Sin embargo, resalta que cerca de Aguas Corrientes se encuentra el sistema acuífero Joanicó, con caudales importantes de hasta 40.000 litros/hora, aunque aclara que, de todas formas, el agua subterránea “no puede ser la fuente primordial de abastecimiento” para la zona metropolitana. “No vamos a poder abastecer todo Montevideo con este recurso. Para 300.000 personas necesitaríamos 85 pozos, suponiendo que todos tuvieran un caudal de 40.000 litros/hora, y conseguir esta cantidad con estas características es sumamente difícil”, describe. Aquí tenemos otra razón para cuidar nuestro río superficial.
Acuíferos protegidos
El sistema acuífero Guaraní abarca el territorio de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. “El Guaraní es una sucesión de formaciones, con distintas edades, que constituyen un sistema acuífero. Tiene un área aflorante, que es la faja que va desde Rivera hasta Tacuarembó, y una zona confinada que está por debajo de los basaltos de la Formación Arapey. La zona aflorante es el área de recarga, es la parte más vulnerable a la contaminación, porque no tiene ninguna otra formación arriba que la proteja”, cuenta Collazo. Para la investigadora, esta delicada zona debería tener una protección especial e ingresar como zona protegida.
“Las masas de agua también se protegen. España tiene reservas de agua subterráneas declaradas reservas protegidas. Sería una herramienta de gestión, que se debería incluir en el Plan Nacional de Aguas, y podría regular cuáles son las actividades que están permitidas en el área y cuáles no. Declarar como reserva hidrológica al acuífero Guaraní es algo que no está planteado y estaría bueno ponerlo en discusión”, señala. Un dato no menor es que Artigas, Tranqueras y Rivera se abastecen de agua potable a partir de esta fuente, por lo que “se estaría protegiendo el abastecimiento humano de más de 150.000 personas”. A su vez, recuerda que cuando un acuífero se contamina, “su recuperación es muy difícil, además de costosa”. “Es más fácil prevenir que después tratar de recuperar una reserva de agua dulce que estamos poniendo en peligro”, suma.
No es renovable en la inmediatez
En el mundo son varios los actores que proponen al hidrógeno verde como una de las promesas para que los países puedan cumplir con las metas de descarbonización asumidas en ámbitos internacionales para frenar el cambio climático. Este combustible se consigue a partir de energías renovables y la electrólisis de agua. En nuestro país, la compañía alemana Enertrag presentó ante el Ministerio de Ambiente la viabilidad ambiental de localización de un proyecto que busca instalar una planta de hidrógeno verde y “derivados, principalmente metanol”, según se expone en el documento enviado a las autoridades.
Estaría ubicada en la localidad de Tambores, cuya administración es compartida por los departamentos de Paysandú y Tacuarembó. Uno de los puntos que ha generado mayor preocupación a los vecinos y vecinas del lugar es el volumen de agua que utilizaría. Según la empresa, estiman que extraerán entre “500 y 700” metros cúbicos por día. Para ayudar a dimensionar la cifra, un metro cúbico de agua equivale a 1.000 litros. Prevén hacer perforaciones para obtener agua subterránea, aunque su reservorio podría ser “complementado” con cursos superficiales. “La zona presenta abundantes recursos hídricos, en particular, agua subterránea proveniente del acuífero Guaraní, capaces de abastecer la planta de hidrógeno sin afectar otros usos del recurso”, dice Enertrag.
Collazo comienza aclarando que, en realidad, Uruguay “no tiene tantas reservas de agua dulce subterráneas como suele pensarse”. “Cuanto menor es la salinidad del agua subterránea, menos son los procesos para alcanzar el agua pura que requiere el electrolizador. Me parece muy peligroso abrir esta puerta cuando nuestro país tiene una inmadurez enorme en lo que refiere a la conservación y protección de los recursos hídricos subterráneos. Es muy preocupante que el hidrógeno se haga con agua subterránea, en vez de considerarla como una reserva estratégica y recurso natural de vital importancia para el abastecimiento humano rural y urbano”, afirma.
Para la investigadora, de aprobarse la iniciativa, Uruguay otorgaría a Enertrag “nuestros mejores recursos de agua dulce, potable” y quedaría demostrado que el país “no tiene estrategias de conservación ni protección de aguas subterráneas”. “Estamos viviendo los efectos del cambio climático, sequías más prolongadas, que van a ir comprometiendo cada vez más los recursos hídricos superficiales y subterráneos. No es lógico comprometer el futuro de las reservas”, cuestiona.
Collazo hace énfasis en la importancia de la academia para “avanzar en el conocimiento científico de los recursos hídricos subterráneos del país” así como en la necesidad de que las autoridades escuchen a la academia. “La localidad de Tambores está siendo abastecida por el acuífero Arapey, que es un acuífero fracturado y se encuentra por encima del Guaraní, confinándolo. Del mismo acuífero se sacará agua para generar el hidrógeno (15%) y el e-metanol (85%). Se desconoce cuánto perforarán el Guaraní, si explotarán los dos acuíferos o sólo uno y qué volumen de agua efectivamente utilizarán”, apunta Collazo. Asimismo, advierte que “el mayor riesgo es que no se habla claro. Este hidrógeno verde es verde solamente porque utiliza energía renovable. El agua subterránea no es renovable en la inmediatez. Si no se gestiona bien y la extracción supera la recarga, la renovación podría tardar decenas de años”, advierte.
Por ello, Collazo considera que emprendimientos como el que se pretende instalar en Tambores deberían “evaluarse estratégicamente, sin poner en riesgo las reservas de agua dulce con las que cuenta el país, principalmente las que se destinan para abastecimiento humano”. “Estos proyectos no sólo están presentes en Uruguay, sino también en otros países de América Latina, donde la problemática dependerá del tipo de fuente de agua a utilizar y el grado de avance en la gestión de los recursos que tenga cada país”, sostiene y señala que, por ejemplo, en Chile, que cuenta con una Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde, “varios proyectos apuntan a la desalinización de agua de mar”.
La investigadora resalta que cuando se habla de este combustible, nunca se menciona de dónde se tomará el agua, su materia prima. El caso más reciente es la planta que tendrá lugar en Paysandú y será realizada por HIF Global. La inversión fue anunciada por el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, pero no se detalló de qué lugar se tomará el agua para elaborar el hidrógeno verde. En la misma línea, Collazo cuenta que en la Hoja de Ruta del Hidrógeno Verde que elaboró el Ministerio de Industria, Energía y Minería “no se habla de agua subterránea”. Ni una sola vez aparece la mención. “Se puede pensar que si no se habla del agua subterránea es porque no se va a producir a partir de ella. Sería lo lógico, pero sin embargo lo están planteando proyectos que impulsan. ¿Es tal el desconocimiento del agua subterránea que lleva al poder político a olvidarse o cuál es la lectura? Son cosas que se deberían decir. El hidrógeno verde se hace con agua que es un recurso estratégico para el abastecimiento humano, tanto rural como urbano. ¿Vamos a hacer hidrógeno con agua potable?”, cuestionó. No puede haber una transición energética justa cuando lo que está en juego es la soberanía sobre nuestros bienes comunes.

 

jueves, 8 de junio de 2023

 SALIO “HORA 17”

 SALIO “HORA 17




” BOLETIN INFORMATIVO DE LAS Y LOS TRABAJADORES DE LA SALUD PRIVADA

Luis E. Sabini Fernández

 

Panorámica actual del poder, la salud y la humanidad

Luis E. Sabini Fernández

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Así cómo a lo largo del siglo 20 las décadas de los ’60 y ’70 fueron tiempos de izquierda o hacia la izquierda –mostrando así el hastío, la desconfianza y la resistencia al abuso que había caracterizado al régimen más generalizado e institucionalizado; llámese democracia, liberalismo o capital−, así antes todavía, durante la década del ’30 había habido un empuje de derecha o hacia la derecha por el ascenso de visiones  a la vez restauracionistas y futuristas ante valores hollados u “hollados” por la prédica socialista y revolucionara, desde la última década de ese siglo, hasta ahora con veinte largos años en el s 21, podemos verificar un movimiento  del “espíritu social” otra vez pendulando hacia la derecha, y cada vez de modo más acusado.

Algo que indudablemente comienza con la quiebra de “el país de la gran mentira”, al decir del lúcido croata Anton Ciliga,[1] que tuvo la osadía de enfrentar al estalinismo, ya férreamente establecido en la URSS y a su vez la suerte de estar “apenas” cinco años preso y luego expulsado del “paraíso soviético”.

La quiebra de la URSS tuvo una modalidad de colapso; un desmoronamiento institucional y la conversión rápida y expeditiva de las tan invocadas propiedades sociales o del estado soviético a coto de caza y apropiación descarada por parte de titulares de la gran burocracia que antes administraba “en nombre del proletariado” y ahora lo hará en su propio nombre, entrelazándose con capitostes de mafias que se habían ido enquistando en la institucionalidad soviética. Nueva conversión, entonces, a una nueva, santificada propiedad privada, antes tan denostada desde las usinas propagandísticas del “comunismo”.

Con el colapso soviético, los núcleos dirigentes occidentales, armados del aparato represivo norteamericano constituido en policía planetaria, entrevieron un reverdecimiento de viejos proyectos hegemónicos. Que fueran tejiendo cuando la URSS todavía existía formalmente, aunque ya con crisis reconocida, como durante el período de Mijail Gorbachov.

Para entender lo que sobreviene en todo el mundo con la desaparición de la URSS, en una fase todavía hoy presente, hay que recordar además cómo “salimos” de la llamada Segunda Guerra Mundial, 1945, con el triunfo militar aplastante de Los Aliados sobre El Eje, con su tendal de destrucción y muerte sobre casi todos sus participantes.

Se estima que la URSS perdió durante la guerra entre 10 y 20 millones de seres humanos; Polonia con una población mucho menor, entre 4 y 6 millones, Alemania, entre unos 5 y 10 millones.[2] Los países mencionados, perdieron grosso modo un décimo de su población, con la excepción de Alemania, mucho más castigada. También Hungría, que entonces tenía una población estimada en 8 millones de habitantes, perdió un décimo durante la 2GM. Japón, unos 2 millones. Gran Bretaña, Francia, Italia perdieron cada una más de medio millón de personas, es decir alrededor del 1% de sus poblaciones.

EE.UU., en cambio, con una población entonces de 130 millones de habitantes, perdió en la 2GM alrededor de 300 000 hombres, 0,2 % de su población. Y ni un camino, fábrica o vivienda, destrozada, ni siquiera afectada por dicha guerra.

Por eso, como bien anotara James Burnham,[3] cuando aún no había terminado la 2GM, EE.UU. ya se adueñaba o tendía su manto protector –los lectores elegirán la versión− sobre todas las redes industriales grandes y fuertes del planeta; la cuenca del Ruhr, el cordón atlántico norteamericano, la costa japonesa Tokyo-Kyoto. Y las sociedades de “todo el mundo”.

Antes de que acabara formalmente la 2GM (en el segundo semestre de 1945), ya los núcleos del poder american estaban diseñando el “gobierno mundial”, del cual son síntomas, el FMI (1944) que, desde Bretton Woods, viene a sustituir el proyecto nazi de Zentralclearing, con el cual los nazis habían procurado establecer su propia red imperial.[4] Es interesante e instructivo advertir que en pocos años fueron destrozados diversos proyectos imperiales, en beneficio de uno “de nuevo tipo”; el de EE.UU. Que no se promueve como imperio, como los anteriores, sino como democracia.[5]

Esa apropiación del “mundo entero” desde la década de los ’40 por parte de los titulares del poder norteamericano, se empañó con la bomba de hidrógeno soviética de 1950 y el establecimiento de una suerte de planeta esquizo, con dos superpotencias.

Por eso, en 1990, la craneoteca estadounidense canta otra vez victoria, tras cuatro décadas de interregno.

Este momento, el del crac soviético, y con ello la difuminación del horizonte ideológico del socialismo, trajo una nueva tríada política; EE.UU., Reino Unido e Israel. Que a su vez proviene, aunque no sea lo mismo,  de los “5 Ojos” de 1948 (una entente de control planetario de toda información: telegráfica, de teletipo, telefónica y correspondencia), estructurada entre países anglófonos blancos; EE.UU., R.U., Canadá, Nueva Zelandia y Australia.[6]

Eso le permitió a la dirección ideológica estadounidense (mejor dicho, judeo-estadounidense, porque entre los firmantes de sus documentos liminares, hay una amplia sobrerrepresentación de judíos y particularmente de sionistas),[7] volver a diseñar la perspectiva del proyecto  “para un nuevo siglo american”.[8]

Aunque momentáneamente la desaparición de la URSS permitió pensar en una generalización del mundo-tal-cual-debe-ser, todo mercado, todo capital, que incluía la “colonización” capitalista de los bienes ahora rusos y mostrencos (al menos respecto del socialismo), ese enorme conglomerado étnico, idiomático, religioso; lo ruso, no fue anulado ni absorbido por el capitalismo triunfante. Un hecho, tal vez capital, es que el estado ruso

–ya no soviético– quedó propietario del segundo arsenal más grande del mundo (incluido lo atómico). Otro, la propia identidad, rusa. Rusia no fue así asimilada a una única constelación de poder. Tal vez tampoco China, gran incógnita. Y así se fueron procesando y expresando nuevas contradicciones que han arreciado alrededor de los bienes y/o recursos planetarios,[9] y en puntos nodales, como las cuestiones de género, clave en la cuestión demográfica; la crisis de recursos naturales,; la contaminación progresiva del planeta.

Tal vez, siguiendo leyes ancestrales de los imperios, de sus ejercicios de poder, siempre tendientes a la expansión y a su plenitud, lo que vemos es, con un desarrollo cada vez más tecnologizado, con un alcance macro y micro sin precedentes, la implantación de un nuevo orden bajo diversas denominaciones; “ingeniería social”, “democratización generalizada”, “gobernanza global”, digitalización universal, incluso “gobierno mundial”, en el cual viejos odres se “llenan” del vino sintético que nos quieren hacer saborear a todos e irreversiblemente.

Ya sea una revolución alimentaria para suprimir ganado vacuno (bajo el fútil pretexto de la generación de metano por los vacunos), ya sea una nueva definición de salud, enfermedad y prevención sobre enfermedades graves o leves, garantizando a la vez control poblacional y altos dividendos al Big Pharma. Y con ello, la estabilización de pandemias, como un factor normal de nuestras vidas; con vacunas incluidas pese a todas las interrogantes que ha sembrado la vacunación masiva con las mal llamadas vacunas experimentales (terapias génicas) en el episodio Covid 19; la gestación de “distritos de 15 minutos”, un proyecto urbanizador para que todo habitante “satisfaga todas” sus necesidades sin emplear auto o medio de transporte costoso (una suerte de retorno a la vida de villorrio o de aldea); la ofensiva presuntamente progresista de la cultura de género, de la identidad de género, “superando” la antigua, “animal” división, de sexos; los planes aparentemente en las principales administraciones, digamos todavía nacionales de Occidente, de instaurar dinero-e, las tan publicitadas monedas virtuales, erigiendo un mundo de mayor fugacidad todavía que el del actual circulante que ha perdido todo amarre material hace por lo menos medio siglo, los anhelos de vida sin muerte de muchos privilegiados que consideran llegado el nivel tecnológico suficiente para encarar lo que el programador Yuval Harari califica “amortalidad” de nuestros cuerpos (ya que pretender la inmortalidad resulta a todas luces insensato), que sería la posibilidad de recauchutaje reiterado e indefinido de partes de nuestros cuerpos que, para Harari, se puede conseguir con nuestro nivel tecnocientífico actual (en todo caso, si fuere posible, para una escasísima minoría de humanos. Obviamente, ese aspecto no está siquiera dilucidado por Harari).

Todos estos últimos anuncios nos dan algunas pautas: que los titulares de los poderes tecnoindustriales advierten la imposibilidad de continuar “como hasta ahora”; ni el más mínimo atisbo de autocrítica o que hemos errado o malversado el mundo en que nos es dado vivir (sin incursionar en si se trata de propiedad nuestra, humana o si también nosotros somos “inquilinos” como las hormigas, los canguros o los tiburones).

Y que dada la conciencia creciente de los límites del planeta en que vivimos, se impone cada vez más una salida a la inviabilidad creciente. De nuestra especie, que ‘malversando la energía acumulada en millones de años en forma de minerales; carbón y petróleo, la estamos gastando o malgastando en pocos, poquísimos siglos’, como muy bien recordaba Fredrick Soddy, el Nobel de Química que abjuró de su profesión al verla aplicada a fabricar gases tóxicos durante la 1GM y que por ello se hizo (formidable) economista (repudiado, también, hay que decirlo, por el gremio de académicos economistas “ofendido” por críticas de un “ajeno”; certeras y por ello hirientes).

Tengo mis dudas que podamos solucionar nuestra situación y destino, mediante la profundización  del mismo tecnomodelo que nos ha planteado  las presentes dificultades; es decir “mejorando” las fórmulas en uso, complaciéndonos en la hybris tecnológica.



[1]  Detenido en 1930 y finalmente expulsado de la URSS en 1935. En 1938 publica su alegato El país de la gran mentira, en París, que poco después será secuestrado por los nazis y reeditará el mismo Ciliga, otra vez en París, en 1949.

[2]  El caso de Alemania es único, porque se estima que puedan haber muerto más alemanes después del fin oficial de la guerra que durante ella. Por el hambre y las privaciones de posguerra, más la emigración forzosa de millones (13 a 15) de alemanes de tierras que habitaban a veces desde siglos atrás,  reasignadas a otros estados (caso de los alemanes del Volga, los Sudetes, Silesia, Prusia Oriental, etc.), territorios de las cuales fueron arrancados a veces con una hora o con solo 10 minutos de preaviso para irse, a pie y a marchas forzadas, abandonando sus pertenencias (salvo lo puesto). Todo lo cual significó la muerte de muchos de tales desplazados, gran parte mujeres, viejos y viejas e infantes, porque los hombres fueron muy a menudo concentrados en “batallones de trabajo”. Ron Unz, American Pravda: comprensión de la Segunda Guerra Mundial, 2019.

[3]   La revolución de los directores, 1942. Diversas traducciones al castellano.

[4]   El fin de la 2GM fue un momento de suma fluidez institucional y los dominios imperiales se sucedieron en plazos cortísimos. Cuando los nazis pierden pie con la derrota en “el frente oriental”, el Foreign Office británico procura cosechar una red supranacional con una Clearing Union, pero agotados, son rápidamente desplazados por EE.UU. con el FMI (véase p. ej., Detlef Hartmann, “Bretton Woods y la relación entre desarrollo y genocidio”, futuros, nro.1, Río de la Plata,  set. 2000).

[5]   Remito a mi nota reciente, “Universalización de los dispositivos de control”, de algún modo complementaria.

[6]   Red  Echelon.

[7]  La población judía en EE.UU. se estima en un 2%, aprox. Entre los constructores de los documentos básicos de la estrategia del new american century, los judíos son el 50%, aproximadamente.

[8]   Project for the New American Century, Washington, setiembre 2000. Hay una reedición de 2017.

[9]   La primera cuestión  es dilucidar qué es el planeta, su superficie, si es una existencia por sí misma como abona la tesis Gaia, por ejemplo, o si son bienes a disposición de la humanidad, o de los humanos con poder suficiente para ejercer dicha disposición, convirtiéndolos en recursos, que es el planteo del empresariado occidental del primerísimo mundo.