sábado, 20 de junio de 2015

Historia del Paso Carrasco

         IL  PARADIS0(parte 1)

“QUE LA LUZ NO SE APAGUE”

La cita obligada de reunión para José y sus amigos era el monte. En las  tardecitas, luego de la escuela, el grupo de amigos, saltaba el cerco que los  separaba con la calle  y se mezclaban en ese mundo de fantasías y realidades típicas de niños de diez años.

Los pinos, eucaliptos y acacias eran los protagonistas. Las ramas y el verde intenso los aislaba de la  vida exterior. Allí encontraban, el espacio y el tiempo para  explorar  y descubrir libremente la naturaleza que los rodeaba.
Tarde tras tarde,
 entre las ramas de los árboles armaban, sus casas y sus fuertes, aquellos eran tiempos de “historias de indios y de cowboys”.

Las corridas entre los árboles, las risas; los forcejeos con las ramas, alteraban  la paz del monte. Los pájaros  buscaban refugio de los gritos y de las ondas, aunque nunca mataron un pájaro, la tranquilidad era alterada por un rato largo.

Un día, José y sus amigos decidieron cruzar la línea de los árboles, sintiendo  esa curiosidad de saber que más podría haber en el bosque.

Entonces apareció allí, en el frente del  grupo. El  silencio detuvo las risas. Todos se quedaron quietos, permaneciendo con los ojos bien abiertos y llenos de  asombro.

Era una  casa  grande  con forma de castillo. Al costado como testigo de todas las construcciones, una torre. Una casa más pequeña y una piscina, también formaban parte de ese escenario.

La  puerta de entrada a la casa principal, era de estilo medieval, su parte superior era  curva y los herrajes  grandes y pintados de negro.

Por encima de la puerta, en un arco de ladrillos, colgaba  una campana de bronce, al estilo de una iglesia; a la izquierda un escudo hecho en piedra ,con una leyenda “NEC LUMINA CLAUDIT”. 

La soledad y el silencio de los niños fue interrumpido, por la voz de una mujer mayor que salió de la casa más pequeña y gritando dijo ….”Niños aquí no se puede estar tienen que irse”.

No hubo una segunda frase, todos corrieron nuevamente hacia el bosque, saltaron el alambrado y cada uno regreso´a su casa.

Volvieron otras veces al monte, pero nunca más llegaron hasta el “castillo” y aunque en silencio observaban entre los árboles ,pocas veces vieron gente allí.

No solo para los niños de aquel día, el “castillo” fue un misterio, también lo fue para mucha gente del barrio. Las historias tejidas, sostuvo su mística durante toda la vida.

 Pero la realidad es que hasta el año 1951 ,estas tierras a ambos lados de la avenida W. Ferreira Aldunate (en ese entonces Camino Carrasco) eran propiedad de  Julieta García Acevedo y su esposo el Duque Livio Sersale Ceresiano, llegado de Italia huyendo de las guerras carlistas.

El “castillo”, era la casa del Duque y su esposa y si bien no vivían en forma permanente funcionaba como chacra. Cuentan que el Duque  tenía allí caballos.

La portera  de entrada, a la chacra, estaba en aquel entonces sobre la calle que hoy se llama Graña. Dos postes altos sostenían, un cartel tallado en madera con la inscripción  IL PARADISO, (el paraíso).La chacra llegaba hasta la calle Calcagno.

Al fallecer Julieta García Acevedo, esposa del Duque Livio Sersales, este decide volver a Italia y vende todas sus propiedades, lo que permitió el fraccionamiento y posterior urbanización de lo que es hoy el barrio Paraíso de Carrasco unas 44 hectáreas.

La casa hoy día, mantiene su estructura y se encuentra entre las calles que recuerdan los apellidos del Duque y su esposa es decir Sersale  y García Lagos .El monte que la rodeaba, fue talado por completo, por lo que, parte de la magia dejada por el Duque se perdió. Lo místico dio paso a la desnudez y soledad. 

Cuatro décadas después, José camina  llevando de la mano a su hijo Lautaro, al pasar por el frente del “castillo”, ambos se detienen. Todo puede  verse desde la calle. Mientras observa la casa, cuenta  a su hijo sus anécdotas. Lautaro escucha a su padre mientras que no pierde detalles del relato.

En un momento lo interrumpe y señala con su mano  el escudo que esta sobre la puerta del “castillo”.

José no sabe lo que significa,” NEC LUMINA CLAUDIT” ,es una frase en latin.Es parte de lo místico que el Duque nos dejó’, una forma de ver la vida ,de entender que  60 años después somos nosotros los que debemos mantener viva esa historia.

Hoy que la realidad es otra, que todo ha cambiado, que la casa aparece frágil, como agonizando, entendemos más que nunca la inscripción del escudo del Duque,  que traducida significa,

   “QUE LA LUZ NO SE APAGUE”.

En eso estamos…
                                                                            Carlos Romero.
                                                                                                                                 IL PARADISO (PARTE 2)


Historias de vida

                                                     (1)


El Duque Livio Sersale di Cerisano, nació en Gaeta, Italia el 19 de diciembre de 1879.

Gaeta, es un puerto marítimo de la costa occidental de Italia, en la región de Lazio. Se caracteriza por tener calles estrechas y sinuosas, con edificios antiguos dentro de los que se encuentra su catedral que data del año 1106.

A la edad de 18 años cursó en la Academia Militar de Turín, especializándose en caballería. Estuvo allí tres años, egresando como Teniente.

El Duque heredó sus títulos nobiliarios, a partir de Annibale Sersale, en el año 1613, en una Italia organizada políticamente en feudos. Livio se convierte así, en el 14º heredero, adquiriendo el título de Patricio Napolitano y Príncipe de Castel franco.  

En el año 1928, llega a las costas del Río de la Plata, instalándose en Uruguay.

El 27 de setiembre de 1934, se casa con Doña Julieta García Acevedo.

Doña Julieta, integraba una familia de larga tradición en Uruguay. Era hija del Dr. Ildefonso García Lagos, Ministro de Relaciones Exteriores, entre los años 1887 a 1889, siendo un muy destacado político.

Los García habían amasado una importante fortuna y eran dueños de grandes extensiones de tierras      que llegaban hasta lo que en la actualidad es la ciudad de Pando.

Todo a impulso de Don Doroteo García, comerciante en charque, que enviaba sus productos a Cuba,  que en aquel entonces eran muy preciados.

Ildefonso, hijo de Doroteo, construyó su finca de descanso en lo que luego se transformó Villa García.

En 1938, estando en Italia Doña Julieta contrajo una grave enfermedad.

Con la esperanza de poder recuperarse, retornó a Montevideo, su ciudad natal. Pero su mal era irreversible y el 24 de agosto de 1941 falleció.

Luego de la muerte de su esposa, Don Livio, decidió quedarse en Montevideo y para distraerse, retornó a la actividad hípica, su deporte favorito. También siguió participando de las actividades benéficas, que se organizaban en aquellos días.

Cumpliendo el deseo de su esposa Doña Julieta decide donar para beneficio del “Consejo del Niño” la villa y su parque denominado “San Ildefonso”, lugar que había pertenecido a su suegro Don Ildefonso García Lagos.

Finalmente, no pudo superar la perdida de Doña Julieta y el 4 de octubre de 1955 luego de una breve enfermedad, falleció.

Los diarios de la época, ante la muerte del Duque, escribían…”Ayer murió un autentico caballero, no  solo por razones de tradición familiar y títulos nobiliarios, sino por su humanismo, por su vocación por el bien, por su generosidad, en beneficio de sus semejantes necesitados. Su desaparición supone pues una gran perdida que mucho sinceramente lamentamos” (Octubre 1955).

Don Livio fue sepultado junto a su esposa en el cementerio Central.


                                                         (2)


María Terra y Horacio García Lagos, compraron la “Villa el Paradiso”, al Duque Livio Sersale, luego de la muerte de Doña Julieta, en el año 1941.

Dicha villa tenía una extensión de 44 hectáreas.

Tenía su entrada en lo que es hoy conocemos como la calle Graña, llegando hasta la calle Calcagno.

Dicha chacra estaba compuesta por una casona con un parque y un lago (sobre la calle Calcagno), llamado “Laguna del Duque”, esta a su vez tenía un embarcadero.

En 1951, Don Horacio García Lagos, luego de recibirse de ingeniero decide fraccionar las 44 hectáreas, loteando los terrenos que formarán con el tiempo, el barrio “Los Paraísos”. Ese fue su primer trabajo.

Así mismo, Doña María y Don Horacio, se casan y pasan a vivir en la casona, realizando con el tiempo algunas reformas.

Allí tuvieron siete hijos y permanecieron hasta el año 1998.

Hoy, dicha casona, para nosotros “el castillo”, está en manos del Municipio de Paso Carrasco, entre las calles Sersale y García Lagos.


                                                        (3)


…José toma de la mano a su hijo Lautaro y deja atrás la casona del Duque.

En el trayecto hacia su casa, va repasando su historia personal, su niñez, sus amistades, las horas de juego en el parque de dicha casona.

Sin embargo, no recuerda historias del “castillo”, contadas por su padre.

Mira a su hijo, que en un descuido se suelta de su mano y corre al encuentro de su madre…entra a su casa, pensando que los tiempos vuelan y que los niños necesitan esas historias de los padres.

En definitiva son parte de un juego, que también nos convierte en niños, para poder compartir el tiempo y entrar en ese mundo mágico, que divierte, educa, cuestiona y sobre todo nos hace felices… 

Una de estas noches, antes que Lautaro se duerma, José contará la historia del Duque, su esposa Doña Julieta y su “castillo” y de cómo se formó su barrio. Todo como si fuera un puzzle ya que nuestras historias de vida en algún punto, siempre se entre cruzan.

Es a partir de ahí que su hijo construirá su propia historia.


Don Livio y Doña Julieta, no tuvieron hijos.

Solo quedó como testigos de esa historia, la casona, el escudo familiar hecho en piedra, en una pared de la casa y la torre de agua a un costado de la misma. Pero curiosamente, las puertas y ventanas no están totalmente cerradas, la casona te invita a entrar, mirar en cada rincón, para descubrir el mundo mágico de una historia que no murió.


(FIN)


                                                                                  Carlos Romero