(IStock)
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"Tenemos que prohibir el glifosato y empezar a hablar de agricultura ecológica porque sino nos vamos a morir todos", asegura sin eufemismos el presidente de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa), Jorge Yabkowski. Es que ese herbicida se utiliza en fumigaciones de productos que consumimos a diario: soja, frutas, verduras, yerba y algodón, sólo para enumerar unos ejemplos. "Hace por lo menos una década vemos daños causados por ese agroquímico", afirmó.
"Los síntomas son inimaginables, pero las autoridades tienen que sufrir en carne propia para tomar conciencia", lamenta la Doctora Graciela Vizcay Gómez, abogada y periodista ambiental consultada en en nuestro país y Europa sobre este flagelo. Cáncer, malformaciones, problemas neurológicos, respiratorios, infertilidad y abortos espontáneos son sólo algunos de los males que provocan los agrotóxicos, según los especialistas que rastrean denuncias hace años. Hasta la Organización Mundial de la Salud se pronunció al respecto, al advertir en marzo de 2015 que el glifosato es "probablemente cancerígeno para los seres humanos".
Partiendo de esta alarmante situación, durante este año se intentará promover la prohibición del glifosato en los cultivos de todo el país. Y para ello ya se logró un primer paso.

La suerte de la medida cautelar del fiscal federal Fabián Canda se definirá durante el primer cuatrimestre de 2017. El presidente de Fesprosa aseguró que, mientras tanto, van a "difundir más el tema en la población, que día a día consume productos con agrotóxicos. Queremos provocar un debate social para cuidar la salud de todos". El mensaje de Yabkowski también va dirigido al Gobierno: "Necesitamos el apoyo del Estado para que la agricultura ecológica pueda darse".
 La solución concreta es la prohibición urgente de las fumigaciones (…) El uso de agrotóxicos es un genocidio lento
Al respecto, Vizcay Gómez agrega que para cambiar el modelo productivo, el Estado debe "incentivar con subsidios a los agricultores orgánicos y productores que no apliquen insumos tóxicos para el suelo y el agua. No en vano en los países centrales crecen los establecimientos orgánicos y certificados, acompañados por un etiquetado acorde a poder elegir que se consume, cosa que aquí no sucede".
Volviendo a la medida cautelar del fiscal Canda, la especialista concluye: "La solución concreta es la prohibición urgente de las fumigaciones aéreas, por ser la más peligrosas en sus efectos en la salud, y alejar las aplicaciones terrestres de toda zona urbana, escuelas rurales, huertas y cursos de agua. Esto hasta tanto el modelo productivo prohíba por completo la utilización de agrotóxicos que hoy se acepta como normal, pero que es un genocidio lento".