lunes, 7 de diciembre de 2015

Famatina /

 La historia de un pueblo que en 9 años expulsó a 4 mineras

Al principio fue el agua. Hace nueve años, los vecinos del departamento riojano de Famatina escucharon que la compañía Barrick Gold necesitaba unos 1000 metros cúbicos de agua por día para explotar oro en la mina La Mejicana.
La historia de un pueblo que en 9 años expulsó a 4 mineras
El caudal diario para la zona era de 750 metros cúbicos. “¿Qué vamos a hacer nosotros, entonces?”, fue la duda que atrapó a los pobladores.
Ese resultó el disparador para que los vecinos empezaran a informarse sobre los riesgos de la minería a cielo abierto. Y decidieron que no querían allí esa industria. Desde entonces, lograron frenar cuatro proyectos mineros bajo un mismo lema: “El Famatina no se toca”.
Con acampes, marchas, encadenamientos, reparto de panfletos, videos, pintadas, murales y cortes de ruta para impedirle el paso a la mina a funcionarios del Gobierno y representantes de las empresas, lograron lo impensado: impedir los proyectos de compañías como Barrick Gold, Osisko Mining Corporation, Shandong Gold y, días atrás, el de la salteña Midais.
En la asamblea, donde conviven distintos perfiles ideológicos, la mayoría son mujeres. Hay docentes que hicieron una insistente tarea de concientización entre los más chicos. Está el párroco Omar Quinteros, que desde su llegada no dudó en sumarse a la lucha. Al igual que lo hizo el intendente saliente, Ismael Bordagaray. Para todos ellos hubo costos: denuncias penales, menos tiempo personal, peleas familiares, amenazas, suspensión de giro de fondos. Sin embargo, todos siguieron adelante.
Marcela Crabbe, asambleísta y legisladora de Parlasur electa por Fuerza Cívica Riojana (radicales, peronistas, macristas y massistas), dio el primer alerta mientras hacía un curso para ayudante de geólogos que dictaba Minería provincial. “Hablan de cianuro, de explosiones”, comentó en un cumpleaños. Fue suficiente para que el único cibercafé de la ciudad se convirtiera en un centro de reuniones.
Las mujeres comenzaron a dedicar una hora diaria a hacer campaña casa por casa. “Hartamos con información”. Resolvieron un corte que mantuvieron dos años. Desde entonces -con sólo algunos intervalos de tranquilidad- la vida de buena parte de los 3500 habitantes de Famatina y Chilecito pasa entre llamadas telefónicas, mensajes y marchas. Las redes sociales, juegan un papel clave en la organización.
El cura Quinteros dice que “conciencia y coincidencia” fueron los motores que les permitieron sostener la resistencia durante los años.