lunes, 26 de enero de 2026

EDUCACIÓN

 

¿LA EDUCACIÓN ESTÁ EN GRAVES PROBLEMAS?

Parte 2

En la parte 1, de la edición anterior indiqué la serie de devaluaciones que se

produjeron en el Uruguay, desde 1960 al año 2025:

1960 – 169 %

1963 – 49 %

1967- 102 %

1968 – 25 %

1982 – 136 %

2002 – 100 %

 

Hay que tener en cuenta que cada vez que un país devalúa su moneda en

relación a otra y sobre todo a una que funciona como patrón monetario

mundial, esto favorece al sector exportador y a aquellos que posean

ahorros en esa moneda, ejemplo el Dólar. Pero esta situación genera

efectos muy negativos sobre quienes tienen ahorros en la moneda local,

genera inflación, baja de salarios o directamente pérdida de fuentes

laborales. Esta catarata de devaluaciones del peso uruguayo sobre el dólar

efectivamente hizo eso, perjudicando también a las jubilaciones. Las

devaluaciones generan aumento de pobreza y por otro lado, más riqueza a

quienes poseen activos en dólares.

De acuerdo a la citada tabla de devaluaciones, se puede ver que de las 6 devaluaciones

que componen dicha tabla, 1 sola es posterior al período 1960 – 1985, lo que muestra

con toda claridad que el peso mayor de la pérdida de salario y jubilaciones reales, se

debe a ese período.

En función de los datos del INE y del MIDES, artículo del Semanario Brecha y del libro

Evolución de las relaciones Laborales en Uruguay de Arturo Bronstein, (pág. 86), entre

fines de los 50 y 1973, debido a las devaluaciones en ese período, se perdió un 45 % de

poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Luego, entre 1973 y 1985, se perdió un 50

% adicional. Entre 1985 y 2004, hubo una recuperación de dicho poder de compra del

orden del 4 %, para finalmente entre 2004 y 2017, la recuperación fue del 53 %. Bien

¿quiere decir que con estas recuperaciones se logró mantener el valor real de los

salarios y jubilaciones de fines de los 50? No, si un producto costaba $ 100 a fines de

los 50, ese mismo producto en el año 2024, costaría $ 228,53 lo que representa una

pérdida de poder adquisitivo desde fines de los 50 al 2024, del orden de 56.24 %. Esto

es vital comprenderlo, para entender la lógica de los procesos que definen el contexto

dentro del cual vivimos.

Este dato es muy fuerte, pues ni más ni menos, nos dice que en la actualidad, somos

un 56.2 % más pobres que a fines de los 50. Esto ocurrió como consecuencia de los

procesos de devaluación ya citados, procesos que por otra parte, tuvieron como

contrapartida un aumento importante de riqueza, de la población que cuenta con

mayores recursos, sobre todo por efectos de la exportación de bienes y servicios. Es

importante recordar que el Uruguay como país, no exporta, quienes lo hacen son las

empresas pertenecientes a ese sector y son sus dueños los que reciben los beneficios

de dicha actividad. En otras palabras, este país, a través de sus políticas en economía,

ha creado una situación que se mantiene tal cual en la actualidad, según la cual, el

aumento de la pobreza soporta el aumento de la riqueza de los que tienen más

recursos en dólares.

Como ya vimos en la parte 1, los salarios docentes han seguido esa misma lógica, no

así los que pertenecen a los integrantes de los gobiernos de turno, por ende, cuando

desde dichos gobiernos se justifican carencias y problemas en la Educación, debido a la

presencia de alumnos que provienen desde sectores con menos recursos, o sea los de

mayor vulnerabilidad, estos últimos son, en definitiva, producto de las consecuencias,

de las políticas en economía que los propios gobiernos aplican.

OTRO ASPECTO PROBLEMÁTICO

Por otra parte, existe casi uniformidad sobre que lo que hagamos en el presente,

repercutirá de alguna forma en el futuro dentro de 30 o 40 años. De acuerdo con dicha

lógica, este presente es el futuro a 30 o 40 años, de lo que sucedió, de lo que hicimos

en ese período, que es nuestro actual pasado. Sin embargo, en esta parte de la misma

afirmación, no existe unanimidad, algo que por sí solo debería asombrarnos. Incluso

para gran parte de la sociedad, ser revisionista, hurgar en el pasado en búsqueda de

las causas reales sobre lo que hoy nos pasa, no está para nada, bien visto y por tanto

no existe esa disposición en las autoridades, ni en ningún otro colectivo social, lo que

resulta altamente curioso, por no decir sesgado a favor de ciertos intereses de una

cierta parte de la población.

De esta forma, la sociedad toda se ha impuesto, una autocensura hacia lo que sucedió

en el pasado y por tanto, se niega a sí misma, a poder conocer las causas reales de lo

que estas situaciones, generaron en el actual presente.

En materia educativa, mirar al pasado recibe como justificación, que los sistemas

educativos de esa época, eran elitistas, que sólo permitían su tránsito por el mismo, a

una pequeña porción de alumnos, en general de la clase de mayores recursos.

“Eso es totalmente falso, de existir características elitistas, no eran del Sistema

Educativo, sino de la sociedad toda, pues ese y no otro, fue el argumento central

para que este país naciera de la forma que lo hizo, fue exactamente eso, ser servil a

los sectores más acaudalados.”

Sin embargo, esa tesis fue impuesta sobre la sociedad, que como consecuencia de las

devaluaciones citadas, comenzaron a gestar un cada vez mayor fraccionamiento del

tejido social y por ende de un cada vez mayor sector de la población, que fue

categorizado como de alta vulnerabilidad y por ende, de una cada vez mayor dificultad

para los niños y adolescentes provenientes de esos sectores, para culminar sus

estudios, principalmente por una necesidad de sus familias de que ellos deban

participar de los ingresos del núcleo familiar a través de una inserción laboral en cada

vez, una edad más temprana.

Esto último trajo aparejado consecuencias negativas, para que quienes estudiaban,

tuvieran los tiempos mínimos necesarios para aprobar los cursos, a través de un

aprendizaje cada vez más sólido, así como de la madurez de sus herramientas

cognitivas, algo que debería ser el objetivo central del tránsito de dichos estudiantes

por su trayecto educativo, pero que obviamente no ocurre desde 4 o más décadas

atrás.

A esta situación se sumó el incremento constante de la población estudiantil con

diversas dificultades de aprendizaje, debido al aumento de nacimientos bajo la línea de

pobreza y los embarazos llevados adelante por madres que consumían tabaco, alcohol

u otro tipo de sustancias. Vale recordar que como consecuencia de la devaluación del

2002, el 50 % de los nacimientos posteriores a la misma se concretaban por debajo de

la línea de pobreza.

Frente a esta situación, creada por directa y exclusiva responsabilidad de las decisiones

de los gobiernos de turno, en materia económica, laboral y de enseñanza, las

soluciones que se implementaron, a tales efectos, fueron a partir del año 1985 y hasta

la actualidad, de 2 tipos:

1) Inclusión educativa y equidad y 2) Tolerancia o Adecuación Curricular

La primera de ellas se redujo a “vengan todos en las situaciones en que se

encuentren”, esto por parte de la Inclusión Social y “todos merecen tener las mismas

oportunidades”, esto por parte de la Equidad.

Pero por el sólo hecho de decretar que las inequidades no generan dificultades que

requieren atención personalizada, esa realidad no desaparece, los que somos

diferentes no vamos a dejar de serlo porque nuestra realidad se ignore y por tanto, la

idea de que es justo que todos tengan las mismas oportunidades es falsa, pues desde

que ingresan al Sistema, ya no tienen las mismas oportunidades.

Obviamente, esta situación comenzó a generar muchos inconvenientes, los que fueron

tratados de disimular con la segunda solución, la “Tolerancia”, que en buen romance

quiere decir a los docentes, “miren para otro lado y que aprueben como sea”. De la

mano de esta iniciativa, años después, porque a pesar de estas decisiones las

repeticiones y los abandonos tomaban cifras importantes, se comenzó a evaluar la

eliminación de la repetición de cursos, con el marketing de que de esa forma se

protegía el tránsito educativo de los alumnos y aunque parcialmente dicho objetivo

fue logrado, aún hoy se insiste con eliminarlos por completo.

Otra mentira absurda pero que prendió en la sociedad, la realidad lo que

verdaderamente está detrás de esas decisiones, es que los alumnos que repiten son

caros y los que abandonan, pueden aumentar la tasa de desocupación global.

Simplemente un argumento económico, respecto del cual se tomó a la enseñanza y

con ella a los alumnos de rehenes.

A la luz de estas realidades, se comenzaron a aplicar diversas reformas educativas, las cuales

en su esencia interior estaban condicionados por los argumentos económicos ya citados, un

documento de la CEPAL, indica que en toda América del Sur, en el año 1990, por el concepto

de repetición en Primaria, se tuvo un costo adicional de 4.500 millones de dólares, hecho este

que a los técnicos en educación de los organismos multilaterales de crédito, FMI, BM, BID,

BIRF, les condujo a proponer a los gobiernos de los países de ese continente, a través de las

Cumbres para las Américas, reformas educativas que disminuyeran estos costos. Pero las

estrategias elegidas para lograr los objetivos perseguidos, condujeron a un cada vez más

precario nivel de aprendizajes, a pesar de lo que se continuaron aplicando, con el conocido

resultado de ser parte del furgón de cola en todas las evaluaciones de aprendizajes

internacionales, en que los estudiantes uruguayos vienen participando, desde el 2003.

Y más allá del marketing con el que se vendieron a la sociedad, esa y no otra fue la razón de ser

de todas las reformas educativas que se implementaron, desde 1986 al 2024. Todas ellas por

supuesto prometieron lo mismo, mejoras en la formación de los Docentes y mejoras en los

aprendizajes y desarrollos cognitivos de los estudiantes y una a una, todas no solo fracasaron

en sus promesas, sino que complicaron más dichos aprendizajes.

Esta situación ha creado una estructura donde reina la incertidumbre y la mediocridad, en la

cual toda novedad, tecnológica o no, que sirva para omitir diferentes responsabilidades en la

conducción educativa y por ende en la realidad que caracterizan a los aprendizajes precarios y

bajos niveles de desarrollo cognitivo desde hace 4 décadas.

Enrique Espinola

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