¿LA EDUCACIÓN ESTÁ EN GRAVES PROBLEMAS?
Parte 2
En la parte 1, de la edición anterior indiqué la serie
de devaluaciones que se
produjeron en el Uruguay, desde 1960 al año 2025:
1960 – 169 %
1963 – 49 %
1967- 102 %
1968 – 25 %
1982 – 136 %
2002 – 100 %
Hay que tener en cuenta que cada vez que un país
devalúa su moneda en
relación a otra y sobre todo a una que funciona
como patrón monetario
mundial, esto favorece al sector exportador y a
aquellos que posean
ahorros en esa moneda, ejemplo el Dólar. Pero esta
situación genera
efectos muy negativos sobre quienes tienen
ahorros en la moneda local,
genera inflación, baja de salarios o directamente
pérdida de fuentes
laborales. Esta catarata de devaluaciones del
peso uruguayo sobre el dólar
efectivamente hizo eso, perjudicando también a
las jubilaciones. Las
devaluaciones generan aumento de pobreza y por
otro lado, más riqueza a
quienes poseen activos en dólares.
De acuerdo a la citada tabla de devaluaciones, se puede
ver que de las 6 devaluaciones
que componen dicha tabla, 1 sola es posterior al período
1960 – 1985, lo que muestra
con toda claridad que el peso mayor de la pérdida de
salario y jubilaciones reales, se
debe a ese período.
En función de los datos del INE y del MIDES, artículo
del Semanario Brecha y del libro
Evolución de las relaciones Laborales en Uruguay de
Arturo Bronstein, (pág. 86), entre
fines de los 50 y 1973, debido a las devaluaciones en
ese período, se perdió un 45 % de
poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Luego,
entre 1973 y 1985, se perdió un 50
% adicional. Entre 1985 y 2004, hubo una recuperación de
dicho poder de compra del
orden del 4 %, para finalmente entre 2004 y 2017, la
recuperación fue del 53 %. Bien
¿quiere decir que con estas recuperaciones se logró
mantener el valor real de los
salarios y jubilaciones de fines de los 50? No, si un
producto costaba $ 100 a fines de
los 50, ese mismo producto en el año 2024, costaría $
228,53 lo que representa una
pérdida de poder adquisitivo desde fines de los 50 al
2024, del orden de 56.24 %. Esto
es vital comprenderlo, para entender la lógica de los
procesos que definen el contexto
dentro del cual vivimos.
Este dato es muy fuerte, pues ni más ni menos, nos dice
que en la actualidad, somos
un 56.2 % más pobres que a fines de los 50. Esto ocurrió
como consecuencia de los
procesos de devaluación ya citados, procesos que por
otra parte, tuvieron como
contrapartida un aumento importante de riqueza, de la
población que cuenta con
mayores recursos, sobre todo por efectos de la
exportación de bienes y servicios. Es
importante recordar que el Uruguay como país, no
exporta, quienes lo hacen son las
empresas pertenecientes a ese sector y son sus dueños
los que reciben los beneficios
de dicha actividad. En otras palabras, este país, a
través de sus políticas en economía,
ha
creado una situación que se mantiene tal cual en la actualidad, según la cual,
el
aumento de la pobreza soporta el aumento de la riqueza
de los que tienen más
recursos en dólares.
Como ya vimos en la parte 1, los salarios docentes han
seguido esa misma lógica, no
así los que pertenecen a los integrantes de los
gobiernos de turno, por ende, cuando
desde dichos gobiernos se justifican carencias y
problemas en la Educación, debido a la
presencia de alumnos que provienen desde sectores con
menos recursos, o sea los de
mayor vulnerabilidad, estos últimos son, en definitiva,
producto de las consecuencias,
de las políticas en economía que los propios gobiernos
aplican.
OTRO ASPECTO PROBLEMÁTICO
Por otra parte, existe casi uniformidad sobre que lo que
hagamos en el presente,
repercutirá de alguna forma en el futuro dentro de 30 o
40 años. De acuerdo con dicha
lógica, este presente es el futuro a 30 o 40 años, de lo
que sucedió, de lo que hicimos
en ese período, que es nuestro actual pasado. Sin
embargo, en esta parte de la misma
afirmación, no existe unanimidad, algo que por sí solo
debería asombrarnos. Incluso
para gran parte de la sociedad, ser revisionista, hurgar
en el pasado en búsqueda de
las causas reales sobre lo que hoy nos pasa, no está
para nada, bien visto y por tanto
no existe esa disposición en las autoridades, ni en
ningún otro colectivo social, lo que
resulta altamente curioso, por no decir sesgado a favor
de ciertos intereses de una
cierta parte de la población.
De esta forma, la sociedad toda se ha impuesto, una
autocensura hacia lo que sucedió
en el pasado y por tanto, se niega a sí misma, a poder
conocer las causas reales de lo
que estas situaciones, generaron en el actual presente.
En materia educativa, mirar al pasado recibe como
justificación, que los sistemas
educativos de esa época, eran elitistas, que sólo
permitían su tránsito por el mismo, a
una pequeña porción de alumnos, en general de la clase
de mayores recursos.
“Eso es totalmente falso, de existir
características elitistas, no eran del Sistema
Educativo, sino de la sociedad toda, pues
ese y no otro, fue el argumento central
para que este país naciera de la forma que
lo hizo, fue exactamente eso, ser servil a
los sectores más acaudalados.”
Sin embargo, esa tesis fue impuesta sobre la sociedad,
que como consecuencia de las
devaluaciones citadas, comenzaron a gestar un cada vez
mayor fraccionamiento del
tejido social y por ende de un cada vez mayor sector de
la población, que fue
categorizado como de alta vulnerabilidad y por ende, de
una cada vez mayor dificultad
para los niños y adolescentes provenientes de esos
sectores, para culminar sus
estudios, principalmente por una necesidad de sus
familias de que ellos deban
participar de los ingresos del núcleo familiar a través
de una inserción laboral en cada
vez, una edad más temprana.
Esto último trajo aparejado consecuencias negativas,
para que quienes estudiaban,
tuvieran los tiempos mínimos necesarios para aprobar los
cursos, a través de un
aprendizaje cada vez más sólido, así como de la madurez
de sus herramientas
cognitivas, algo que debería ser el objetivo central del
tránsito de dichos estudiantes
por su trayecto educativo, pero que obviamente no ocurre
desde 4 o más décadas
atrás.
A esta situación se sumó el incremento constante de la
población estudiantil con
diversas dificultades de aprendizaje, debido al aumento
de nacimientos bajo la línea de
pobreza y los embarazos llevados adelante por madres que
consumían tabaco, alcohol
u otro tipo de sustancias. Vale recordar que como
consecuencia de la devaluación del
2002, el 50 % de los nacimientos posteriores a la misma
se concretaban por debajo de
la línea de pobreza.
Frente a esta situación, creada por directa y exclusiva
responsabilidad de las decisiones
de los gobiernos de turno, en materia económica, laboral
y de enseñanza, las
soluciones que se implementaron, a tales efectos, fueron
a partir del año 1985 y hasta
la actualidad, de 2 tipos:
1) Inclusión educativa y equidad y 2) Tolerancia o Adecuación
Curricular
La primera de ellas se redujo a “vengan todos en las
situaciones en que se
encuentren”, esto por parte de la Inclusión Social y
“todos merecen tener las mismas
oportunidades”, esto por parte de la Equidad.
Pero por el sólo hecho de decretar que las inequidades
no generan dificultades que
requieren atención personalizada, esa realidad no
desaparece, los que somos
diferentes no vamos a dejar de serlo porque nuestra
realidad se ignore y por tanto, la
idea de que es justo que todos tengan las mismas
oportunidades es falsa, pues desde
que ingresan al Sistema, ya no tienen las mismas
oportunidades.
Obviamente, esta situación comenzó a generar muchos
inconvenientes, los que fueron
tratados de disimular con la segunda solución, la
“Tolerancia”, que en buen romance
quiere decir a los docentes, “miren para otro lado y que
aprueben como sea”. De la
mano de esta iniciativa, años después, porque a pesar de
estas decisiones las
repeticiones y los abandonos tomaban cifras importantes,
se comenzó a evaluar la
eliminación de la repetición de cursos, con el marketing de que
de esa forma se
protegía el tránsito educativo de los alumnos y aunque
parcialmente dicho objetivo
fue logrado, aún hoy se insiste con eliminarlos por completo.
Otra mentira absurda pero que prendió en la sociedad, la
realidad lo que
verdaderamente está detrás de esas decisiones, es que los
alumnos que repiten son
caros y los que abandonan, pueden aumentar la tasa de
desocupación global.
Simplemente un argumento económico, respecto del cual se tomó a
la enseñanza y
con ella a los alumnos de rehenes.
A
la luz de estas realidades, se comenzaron a aplicar diversas reformas
educativas, las cuales
en
su esencia interior estaban condicionados por los argumentos económicos ya
citados, un
documento
de la CEPAL, indica que en toda América del Sur, en el año 1990, por el
concepto
de
repetición en Primaria, se tuvo un costo adicional de 4.500 millones de
dólares, hecho este
que
a los técnicos en educación de los organismos multilaterales de crédito, FMI,
BM, BID,
BIRF,
les condujo a proponer a los gobiernos de los países de ese continente, a
través de las
Cumbres
para las Américas, reformas educativas que disminuyeran estos costos. Pero las
estrategias
elegidas para lograr los objetivos perseguidos, condujeron a un cada vez más
precario
nivel de aprendizajes, a pesar de lo que se continuaron aplicando, con el
conocido
resultado
de ser parte del furgón de cola en todas las evaluaciones de aprendizajes
internacionales, en que los
estudiantes uruguayos vienen participando, desde el 2003.
Y
más allá del marketing con el que se vendieron a la sociedad, esa y no otra fue
la razón de ser
de
todas las reformas educativas que se implementaron, desde 1986 al 2024. Todas
ellas por
supuesto
prometieron lo mismo, mejoras en la formación de los Docentes y mejoras en los
aprendizajes
y desarrollos cognitivos de los estudiantes y una a una, todas no solo
fracasaron
en
sus promesas, sino que complicaron más dichos aprendizajes.
Esta
situación ha creado una estructura donde reina la incertidumbre y la
mediocridad, en la
cual
toda novedad, tecnológica o no, que sirva para omitir diferentes
responsabilidades en la
conducción
educativa y por ende en la realidad que caracterizan a los aprendizajes
precarios y
bajos
niveles de desarrollo cognitivo desde hace 4 décadas.
Enrique Espinola
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