miércoles, 29 de abril de 2026

Solo una opinión

 *Se acabó*

Quark, 29/4/2026

El canciller Merz ha desatado la polémica. Todos nos preguntábamos quien sería capaz de poner el cascabel al gato de las pensiones. La demografia europea es negativa y si la base de cotizantes termina siendo más estrecha que la parte superior de los perceptores, es sistema colapsa o necesita una intervención permanente vía presupuestos, es decir más deuda. En un entorno con claras limitaciones al crecimiento de la deuda por niveles ya demasiado altos, es precisamente el estado menos endeudado de Europa (entre los grandes), el primero que anuncia recortes importantes.

Y no solo eso, también sanidad ha sido afectada por la disminución, en favor de unas enormes inversiones en el sector de defensa.

“El gobierno de coalición alemán ha acordado hace escasas horas un amplio paquete de recortes en el bienestar social por valor de 38.300 millones de euros para 2030, reduciendo drásticamente el sistema sanitario y las garantías de pensiones para liberar fondos destinados al gasto militar. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), que conforman la coalición gobernante bajo el mandato del canciller Friedrich Merz, alcanzaron el acuerdo antes de la reunión del gabinete prevista para el 28 de abril de 2026.

Precisamente uno de los mensajes más contundentes para Europa de este movimiento de Berlín llega en materia de pensiones. Merz ha declarado que la pensión estatal se reformará para convertirse en lo que él mismo ha descrito como una "cobertura básica" para la vejez, y que ya no será suficiente para mantener el nivel de vida a largo plazo. Por otra parte, las prestaciones por desempleo de larga duración también se reducirán. El efecto combinado representa el desmantelamiento más significativo del Estado de bienestar alemán desde las reformas de la Agenda 2010 de Gerhard Schröder a principios de la década de 2000, un programa que dividió al SPD tan profundamente que el partido nunca se ha recuperado del todo.”

Como se puede ver, las reformas no tienen desperdicio.

Recortes al sitema sanitario, reducción de las pensiones para dejarlas al nivel de cobertura básica y limitación de las prestaciones al paro de larga duración. La idea de estos recortes es no alimentar la deuda, cuando la partida dedicada al rearme va a crecer con fuerza en los próximos años y los mercados aprietan para evitar “engordar” el tamaño de la deuda.

Es decir, la prioridad de Alemania ha cambiado. Frente al crecimiento y expansión del estado del bienestar, se prefiere reducirlo para aumentar la inversión en Defensa, con la siniestra intención (no declarada evidentemente) de prepararse para la guerra en Europa.

No sé cuantos ciudadanos estarían de acuerdo con esta reforma, pero como entremos en economía de guerra, poco importará.

Después de la “exhibición” de la administración de Trump en sus ataques a países soberanos, ignorando el derecho internacional, poco podemos hacer. La tendencia a la lucha por los recursos se ha generalizado y los países que todavía no han entrado en guerra, se están rearmando para que el futuro los coja preparados, incluso a costa de retroceder en un estado del bienestar que se va a desmantelar, a poco que la crisis obligue a reducir las prestaciones.

La deuda pública es demasiado grande, los recursos escasos, los inversores están desapareciendo y la inflación empieza a presionar impidiendo a los BC la monetización de la deuda, lo que finalmente se traslada a una reforma de la economía mundial. El paso a una economía de guerra se está fraguando entre bambalinas y el conflicto de Ormuz es una buena excusa para comenzar con los recionamientos y prohibiciones en un futuro cercano. El paso a una economía de guerra no será tan extremo, si ya estamos acostumbrados a las restricciones, con otra posible vuelta de tuerca, cuando nos “aconsejen” contribuir a la financiación voluntaria de esa “economía de guerra”.

El mundo está mutando delante de nuestras narices y con todo lo que está pasando, nadie parece estar interesado en los cambios radicales que se están produciendo. Cuando nos queramos dar cuenta, ya estaremos inmersos en la espiral decrecentista y armamentista que se está diseñando.

Se acabó, la democracia apoyada en los derechos y libertades adquiridos durante décadas, junto con el crecimiento perpetuo que nos han vendido como una propiedad de la modernidad, han terminado. A partir de ahora entraremos en una contracción económica permanente, que necesita una férrea disciplina militar necesaria para establecer una extrema financiación armamentista y una economía de guerra, como principio rector de las decisiones gubernamentales en materia económica y social.

Sí, a nadie le gusta, pero tampoco nadie quiere el caos que sobreviene al colapso económico producto de la insostenibilidad de la economía actual. Hemos agotado los recursos baratos, nos hemos endeudado al límite y ahora toca pagar la factura, sin que nos quede dinero para ello. La consecuencia ya la conocemos, y por lo tanto, no nos puede extrañar.

Suerte, la vamos a necesitar …

Solo una opinión.

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