El silencio de Uruguay ante Gaza
o ante Israel
Luis E. Sabini
Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org
Las masacres ahora diarias de civiles gazatíesen
los centros de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza, que ostensiblemente ha
montado el Ejército de Defensa [sic] de Israel, para desplazar los intentos de salvataje
alimentario, médico, clínico, que han procurado organizar tanto la maltrecha,
maltratada UNRWA como Médicos sin Fronteras y otras redes solidarias privadas,
obligan a la pregunta: ¿por qué tantas masacres? ¿por qué ese desplazamiento de
la asistencia desde la ONU y redes solidarias de larga data?
Aunque nos cueste creerlo espontáneamente, los
hechos revelan que el ejército israelí tomó sobre sí la tarea “alimentaria” para
facilitar la política genocida, para ”industrializar” así mejor la muerte
programada de más y más palestinos. Hay demasiado elementos coincidentes como
para soslayar la atrocidad de esa política.
En Israel se ha ido montando toda una estructura
de servicios visuales desde los cuales mejor mirar el espectáculo de la
matanza: ciudadanos israelíes concurren ávidos a esos emplazamientos para mirar
–a distancia y con seguridad– con
telescopios de calidad, la matanza; ver los bombardeos y las demoliciones, ver, por ejemplo, volar los cuerpos con las
explosiones. Como se ha señalado, ver “morir un pueblo como quien contempla una
puesta de sol”. Algo peor, todavía: ver cómo es matado un pueblo, toda una
población.
No sabemos qué pensó Martin Amis cuando en 2014
publicó su Zona de interés, mostrando jerarcas nazis conviviendo “idílicamente” con el
infierno que habían generado allí nomás, cerca, del otro lado de la empalizada.
El relato fue tomado por muchos comentaristas como
una condena más del universo nazi y de ese modo fue interpretado como una
reivindicación, siquiera indirecta, del Estado de Israel, genéricamente
entrevisto como “lo opuesto” a la Alemania antisemita de los nazis.
Sin embargo, hay un dato entregado por Amis que podría
señalar otro enfoque: el abordaje de mundos paralelos. Y cuando uno, beatífico
esconde el otro, infernal.
¿Y qué mundo tenemos nosotros para ver mientras
israelíes matan a sangre fría con balazos en la cabeza (reiteradamente
comprobados) a infantes palestinos? Y cuándo se atrae a población hambrienta a
sitios con comida, y a veces, so pretexto de mantener el orden en la fila, y a
veces sin ni siquiera pretexto alguno, se riega de balas a los hambrientos, y
se suman así episodio a episodio, veintenas de muertos, cincuentenas de
muertos?
¿Nos habla Amis de nazis o de mundos paralelos? ¿Y
ese mundo paralelo está lejos o en el pasado, o está cerca, muy cercade
nosotros?
¿Y qué nos pasa en Uruguay? La política de los
tres monos sabios prosigue, impertérrita.
Uruguay, su expresidente, ahora futuro catedrático
de alguna ciencia política, abrió en 2024 una oficina, cultural, faltaba más,
en Jerusalén, mientras el gobierno israelí proseguía tranquilamente su
genocidio.
Tranquilamente pero ya no en su ritmo pausado.
Luego del 7 oct. 2023, ante el copamiento del cuartel regional de Gaza por
Hamás y el ajusticiamiento de algunos represores, Israel se sintió como
bíblicamente llamado a actuar con la furia, la violencia, la arrogancia, de la
conocida deidad que, actuando como agente inmobiliario, les habría cedido la
tierra, como bien lo sabemos mediante documentos rigurosamente históricos,
probatorios, como la Torah.
Y esemismo expresidente,Luis Lacalle Pou, ignoró
las resoluciones de la ONU que han procurado mantener a Jerusalén al margen de
la órbita israelí (de la palestina, ni hablar), y puso nuestro país al servicio
de la estrategia “boa constrictor” de Israel.
Poco antes, la Universidad de la República
(UDELAR) resistió una rendición incondicional a la intervención sionista en la voz binacional de un catedrático de
universidades israelí y uruguaya. No para eliminar ese punto de vista, sino
para dar cabida a todas las voces, incluyendo a los partidarios de genocidio,
pero no ya como voz oficial de la casa de estudios. Una amplitud increíblemente
generosa, pero hasta ahora desconocida
(la UDELAR jamás patrocinó, al menos expresamente, cátedras con nazis,
partidarios de la raza blanca como raza superior, torturadores raciales al
estilo de los métodos como los de los anglos o los belgas en África, o las
técnicas de tortura a poblaciones aborígenes que han desarrollado los sionistas en Palestina). Es
una limitación a la libertad de cátedra
y de expresión, pero, ¿por qué habría
tenido la UDELAR que romper esos límites, para beneficio de un sionismo cada
vez más claramente brutal, bíblico, y moramente depravado?
Los silencios de Uruguay duelen. Han dolido mucho.
Como cuando el ejército israelí abordó al estilo pirata a la Flotilla de la
Libertad del año 2010 (que procuraban restañar mínimamente las enormes sangrías
provocadas en Gaza y su población, con la invasión genocida de 2008-2009, con
su tendal de miles de muertos y demoliciones masivas), y los militares
israelíes asesinaron a varios tripulantes que cumplían con el deber de defender
su navegación sin armas de fuego ni cuchillos, apenas con palos (los invasores,después
de copar el navío y asesinar a parte de su tripulación robaron además, al mejor
estilo lumpen, a los pasajeros calcetines y relojes, como denunció en su
momento HenningMankell, que participaba del intento solidario).
Pero tales silencios han sido persistentes. En 2017,
cuando ya el infierno en Gaza venía arrasando a la sociedad desde 2006,
mediante la decisión del “carnicero” Ariel Sharon, conocido genocida de los
campamentos palestinos de Sabra y Shatila–
de “hacerles las vida imposible” a los gazatíes, una visita de PIT/CNT del
Uruguay encontró “todo bien” en Israel,
no para judíos lo cual no sería novedad, sino para los palestinos. “Cualquier
país que se precie de democrático dirime las cosas como lo hace Israel”, llegó
a decir uno de sus deslumbrados visitantes.
En 2024, el periódico del aparato mundial sionista
enlacejudío escribió: “YamandúOrsi, que ganó por un estrecho
margen una segunda vuelta electoral el domingo, se destaca en al menos un
aspecto: nunca ha atacado a Israel.” Pésimo planteo, porque la pregunta tendría
que ser si Israel ha atacado algo y en tal caso, si corresponde criticarlo,
ignorarlo o alabarlo.
Poco antes, no bien se avizoró que el a la sazón
intendente de Canelones, YamandúOrsi, podía ser presidente del país, el aparato,
hasbarah, de Israel se puso en marcha y Ana Jerozolimski fue la encargada de
guiar al ilustre en visita oficial a Israel en setiembre de 2023.
En su visita, Orsi creyó ver una convivencia –pacífica,
normal– entre palestinos e israelíes que la información habitual no le había
entregado. El Potemkin israelí no necesitó montarle un tinglado especialmente,
porque todo Israel es una puesta en escena. Orsi, que se sepa, no visitó
Cisjordania y menos aún Gaza; nos preguntamos qué palestinos habrá divisado en
su visita oficial.
Ya investido presidente, Orsi junto a expresidentes
uruguayos, Luis Lacalle Pou y Julio María Sanguinetti, fueron objeto de otra
operación de PublicRelations. Esta
vez, de la fundación argentina Ana Frank, la misma que ha erigido una
“escultura” luctuosa en la capital federal argentina, en una plazoleta sobre la
av. Olazábal.
YamandúOrsi, una vez más, aceptó la invitación
que, como la de su visita a Israel, sirve para realzar facetas edificantes de
Israel en el mismo momento en que Israel está asesinando fríamente en Gaza, y
cada vez más en Cisjordania y Jerusalén, la mayor cantidad de vidas humanas que
se recuerde en las últimas décadas.
En otras palabras, otra operación de lavado de
imagen (justo cuando las cotas del exterminio alcanzan niveles insoportables,
aun comparados con los habidos en Sudán y Sudán del Sur (otro invento
geopolítico de Israel) oen Myanmar.Está clara la voluntad ¿política? de no juzgar
la conducta de Israel, racista, supremacista, fríamente genocida.
Hay interesados en sustraer a Israel de
responsabilidades, pese a que la brutal franqueza de Netanyahu les juegue en
contra.
Si Israel
ataca sin previo aviso a Irán, se lo designa como “ataque preventivo”o como
“guerra entre Israel e Irán”.
Indudablemente hay intentos de desvíos de la
responsabilidad. Véase esta joyita:“La demonización de Israel no llevará a la solución del conflicto
en Oriente Medio, la comunidad internacional debe centrarse primero en destruir
la grave causa de esta guerra que es el terror y luego promover un diálogo
genuino y no en perpetuar una narrativa que ignora las complejidades del
conflicto.”
Obsérvese el tono doctoral del párrafo. El quid,
nos dice, es el terror. Podríamos estar de acuerdo. Fue el terror sionista
decisivo para instaurar Israel. Asesinando ya no a contrincantes sino hasta
mediadores que procuraban otorgar
derechos a palestinos y sionistas, como el mediador oficial de la ONU, FolkeBernadotte,
o incluso a judíos que dialogaban con árabes musulmanes, como Jakob de Haan. Lo
que veo cada vez más claramente es que Israel ejerce “el terror”: colonos
sionistas serruchando olivos palestinos centenarios, guardias israelíes tirando
en sus incursiones a todo lo que se mueve, buscadores inalámbricos previamente
diseñados como explosivos detonados como castigo a Líbano por el que son
matados varios portadores y centenares quedan heridos, y el país aterrorizado. Pero
Galperín no se refiere a esos terrores, bien concretos; no elige el ejercicio
despótico de terror que emplea Israel a diario con población palestina
desarmada; habla sólo de cierto terror que vino después, como respuesta.
Tendría que aprender a leer historia.
Y aprender a leer también psicología. Que “los
malos” tienen bastante acotados sus alcances y que, en cambio, el mal que
producen muchos buenos, incluso excelentes, es mucho más devastador. Porque el
malo, entrevisto, descubierto pierde capacidad de daño, pero el bueno, el
excelente, siempre contará con una claque de convencidos (o sobornados o
mentalmente reducidos) que le facilitará proseguir su tarea devastadora, aunque
“con las mejores intenciones”.
Si criticamos, por ejemplo, “el terror” ya hemos
resuelto las claves políticas del momento; apenas acotamos“el grupo terrorista Hamás”
o el estado terrorista de Irány entonces, queda por demostrar lo que creemos ya
demostrado.
Seguramente, el Ejército de Defensa de Israel, o
el Mossad, o el ShinBet encontraráno fabricarántales pistas. Porque las pruebas
existen de antemano. Y si hay que hacerlas, se hacen. A los inmensos
conglomerados de poder no los guía la búsqueda de verdad sino la expansión de
la verdad ya configurada de antemano. Los centros de poder optan por la versión
que se aviene a la imagen que valoramos: bebitos horneados, mujeres
desventradas, árabes que juegan a la pelota, festivamente, con senos femeninos
arrancados de cuajo, palestinas falsarias que muestran heridas, horribles, como
si se las hubiese hecho la fuerza pública israelí cuando se las han
pintarrajeado ellas mismas.
Según Israel los palestinos se dañan a sí mismos o a sus imágenes. Falta nomás el
detalle de cómo han logrado derribar tantos edificios. Con qué explosivos ¡Cómo
han desmantelado más de cien hospitales!…
¡Cómo a israelíes no se les cae la cara de
vergüenza! ¡Cuánto supremacismo, cuánto ombliguismo, cuánta soberbia racista se
les ha inculcado para que se la crean!
Porque Israel no carga sus responsabilidades. De
atrocidades. Ycuando una decena de militares femeninas, coquetamente mejoran su
aspecto para sacarse una selfiedelante
de toda una zona urbana de edificios altos en la ciudad de Gaza, destruida por
bombardeos (con población atrapada y muerta entre sus escombros), lo que
prevalece en la foto es el carácter risueño de “las chicas”, su frescura, y la
ajenidad total ante lo que ellas y el resto de Israel ha hecho con esa
población, con esa ciudad, con ese territorio. Las hermosas jovencitas son
totalmente inocentes. Y si no inocentes, ajenas.
Los del ejército ocupante se sienten tan exentos
de culpa que pueden tratar muy mal a ¿quiénes? A los muy malos; porque con los
despreciados no necesitamos expresar compasión, solidaridad, ni vergüenza ante
niños hambreados, baleados; ni ante la falta de agua (aunque le hayamos cortado
el suministro nosotros mismos), ni por la restricción de alimentos que le hemos
impuesto hace ya casi veinte años, cuando votaron mal, contra nosotros…
Desde la ONU, hace tiempo, se ha generado un
monstruo político, psicológico, ético. Se lo percibe cada vez más claramente.
Lo que es más arduo es reconocer a sus progenitores. □