¿Qué ha sucedido en la FUS?
Como decía mi madre, “escoba nueva barre
bien”. Pero en el caso de la FUS ese dicho ni siquiera aplica, porque no hay
nada realmente nuevo. No son nuevos quienes hoy conducen la Federación son, en
buena medida, los mismos dirigentes que han estado al frente durante décadas.
Cambiaron algunos lugares, se reconfiguraron las mayorías, pero las prácticas
siguen siendo las mismas.
La última Dirección Nacional fue una
muestra elocuente. En una organización que representa a decenas de miles de
trabajadoras y trabajadores hablaron únicamente ocho personas. Luego se cerró
la lista de oradores, impidiendo en los hechos una discusión profunda sobre un
acuerdo colectivo de enorme trascendencia que había sido firmado previamente
por cuatro representantes de la FUS sin haber sido considerado por los órganos
de dirección de la Federación.
¿Con qué argumento se justificó ese
procedimiento? Que ahora existe la posibilidad de participar en las comisiones.
Pero una cosa es participar en una instancia de negociación y otra muy distinta
es sustituir a los órganos democráticos de decisión. Negociar no es decidir.
Las comisiones pueden elaborar propuestas; quienes deben resolver son los
organismos que representan colectivamente a la Federación.
El contenido del acuerdo tampoco refleja
un avance. Después de décadas esperando una regulación para distintas
licenciaturas, el resultado fue un laudo para Licenciadas y Licenciados en
Psicología que, en muchos casos, quedó por debajo de las remuneraciones que ya
existen en la práctica. Además, su alcance es muy limitado porque una parte
importante del sector trabaja bajo modalidades de tercerización, por lo que el
acuerdo ni siquiera resulta plenamente aplicable.
Pero lo más preocupante fue otra cosa,
la modificación de condiciones laborales históricas, habilitando una mayor
flexibilidad en la organización de la jornada de trabajo. ¿Por qué sé hizo ese
cambio?
La función principal de una federación
sindical es conquistar nuevos derechos y defender los ya existentes. Sin
embargo, en este caso no solo no hubo avances significativos, sino que se abrió
la puerta a una flexibilización que muchos trabajadores consideran un
retroceso.
Si hacía falta una prueba de que las
prácticas no cambiaron, ese episodio alcanza por sí solo.
La misma lógica volvió a aparecer en la
situación de la Casa Sindical.
La actual dirección de APMU se encontró
con que la propiedad histórica de la sede de la FUS figura jurídicamente a
nombre de APMU. Esa situación era desconocida por nuestra dirección, pero no
por quienes durante décadas condujeron la Federación.
Sin embargo, en lugar de asumir la
responsabilidad política e institucional por un problema que lleva décadas sin
resolverse, algunos intentan invertir la carga de la responsabilidad y
presentar a APMU como responsable de una situación que no creó.
APMU resolverá este tema respetando sus
estatutos y los procedimientos jurídicos correspondientes, porque así actúan
las organizaciones responsables. No es un problema que pueda resolverse con
declaraciones voluntaristas ni con presiones políticas.
Llamó especialmente la atención que, en
una reunión reciente, una dirigente de la actual mayoría afirmara que “el
problema es político”, como si eso pudiera sustituir las obligaciones jurídicas
que tiene cualquier organización. Esa afirmación revela una preocupante
subestimación de las consecuencias legales e institucionales que pueden
derivarse de decisiones de esta naturaleza.
Lo preocupante no es solamente esa
opinión, sino que parece expresar una forma de concebir la conducción
sindical,
Eminimizar los procedimientos,
relativizar las normas y considerar que las mayorías circunstanciales pueden
sustituir las reglas que ellas mismas aprobaron.
Por eso, más allá de los nombres propios,
la sensación es que las prácticas siguen siendo las mismas. Cambian los
discursos, cambian algunos protagonistas, pero persisten metodologías que
concentran las decisiones, limitan el debate y trasladan responsabilidades
hacia quienes no las tienen.
Podrán haber cambiado algunos actores,
pero no parece haber cambiado la cultura de conducción. Y mientras eso no
ocurra, será muy difícil construir una Federación más democrática, más
participativa y más capaz de defender los derechos de quienes representa.
Esperamos durante 30 años el cambio de la cabeza que dirigía la FUS. Habrá que
esperar un poco más, no mucho más, para que el cambio llegue a la estructura
misma.
R Hunter Indart
Lista 2 FUS
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