Situación Frigorífico Carrasco
La capitulación
Cronología: En noviembre del 2025 el
frigorífico Carrasco detuvo su actividad productiva y mando a todos sus
trabajadores al seguro de paro. Un proceder conocido, de características
extorsivas, comúnmente utilizado por la empresa Minerva en todas sus plantas,
aunque también favorecido por la ineficacia de nuestra parte para
contrarrestarlo.
Desde ese período de tiempo hasta
febrero, la perspicacia de la directiva llevo el relacionamiento y las
necesidades gremiales al margen, abocado al tratamiento de prórrogas, para no
padecer el desgaste económico y mantener la calma colectiva. La calma
comprendida como la capacidad de gestionar la conflictividad sin que se note.
Pero a partir de marzo la situación
empezó a agravarse. La posibilidad de renovar las prórrogas cesó legalmente. La
empresa se desentiende de la situación y deja todo en manos del Estado. El
problema dejó de apuntar a la empresa, para colocarse en la política. El
sindicato, sin impacientarse y en modo reposo, delega a sus directivos los
pasos más engorrosos de la enmienda.
A mediados de junio y después de un
proceso desgastante, pero necesario, se termina por aprobar la ley que le
ofrece cobertura económica a los trabajadores de Carrasco, desde marzo hasta el
30 de junio (cuatro meses), aunque ejecutada recientemente en el mes de julio.
Dentro de las argumentaciones que motivaron la ley, las partes se
comprometieron a mantener una agenda de reuniones, que fueron "pour la
galerie" y una tripartita a fines de junio, donde la empresa traería
definiciones concretas con respecto a la posible reapertura de la planta. Sin
embargo, en esa reunión, la empresa sostuvo las mismas razones que precipitaron
el cierre y sugirió extender la cobertura de los trabajadores hasta diciembre
(con una nueva ley), con la posibilidad de tener definiciones más concretas
para ese entonces.
Por lo visto, las respuestas de la
empresa son siempre insustanciales, pero el grado de preponderancia que tiene
el rubro, así como la cantidad de puestos de trabajo dependientes, terminan
siempre inclinando la balanza a su favor y poniendo en jaque a cualquier
estructura de gobierno.
El 17 de julio fue la última instancia
que tuvo la empresa con el ministerio (sindicato al margen) y fué de sumisión
total. Y a pesar de que se ha acatado todo lo que ha querido la empresa, el
diagnóstico de los directivos sigue siendo positivo. Por qué? Porque parece que
toda la estructura de gobierno está encolumnada en aprobar cuanto antes una
nueva ley, que nos ampare hasta el 30 de noviembre (ganando tiempo) y por otro
lado, la empresa sigue sosteniendo que tiene pretensiones de reactivar la
planta, aunque siga sin mostrar las cartas.
El sindicato, desarmado y sin respuesta,
vuelve una vez más al modo reposo, entregado ante la falta de determinación,
espera desde las casas la aprobación de una nueva ley, confiando en el
optimismo de sus dirigentes, que repiten "tranquilo nosotros".
Presunción: Se dice que esta situación
en la industria frigorífica no se soporta más. Y que a partir del año que
viene, se va a agarrar al toro por las guampas, con planteos relacionados a
ésta problemática o comportamiento (de apariencia extorsiva) de las empresas.
Pero hay mucho diagnóstico y poca capacidad de cambio.
La naturaleza ociosa en la industria
frigorífica es histórica, así como las leyes que se crearon para contenerla.
Sus argumentos eran contrastables con la realidad del negocio y acordes al
contexto. Pero hoy en día, la malversación del recurso es moneda corriente. No
es la empresa el problema, sino el sistema que viabiliza el mecanismo. A simple
vista no parece haber ganadores claros, hay un frigorífico o empresa cerrada,
seiscientos trabajadores inactivos y un Estado haciéndose cargo. El problema es
cuando entras en el detalle fino. Porque no son simples empresas privadas (como
podría decirse de la situación del frigorífico Casa Blanca en Paysandú), sino
multinacionales, que mandan en la economía global, forman entramados
comerciales en todas partes del mundo y dirigen sus políticas captando los
intereses del país de acogida. Con mucho lobby, captan el interés del sistema
político, que después gobierna para ellos. Porque el negocio tiene mucho de
contraprestación. Pero así son los juegos de poder.
Consecuencias: Los sindicatos de la
industria frigorífica trabajan muy individualmente, más allá de agruparnos en
federaciones divididas y dar señales parciales de unidad, cada sindicato de
base tiene un universo muy dispar de beneficios y acuerdos que defender. Ante
la indefensión indiscriminada que muestra la realidad, la mayoría termina
replegándose como método de conservación. Es lo que se viene agudizando cada
vez más. El accionar de las empresas ha dado resultado, generando una actitud
de autodefensa en los sindicatos de base, que prefieren resguardarse ante la
situación adversa en otros frigoríficos. Y básicamente es lo que sucede hoy con
Minerva y sus otros tres frigoríficos (Canelones, BPU y PUL) porque mientras
ellos pasaban las de Caín, nosotros nos resguardabamos para sobrevivir. Y así
nos fué. Hoy en día están todas activas menos nosotros, incluso algunos
negociando el convenio interno. Parece que definitivamente estamos solos en
ésta, sin capacidad de lucha y en modo reposo. Pero ya vendrán tiempos mejores
y espero nos encuentre con la lección aprendida.
Anael Cardozo de Assis
Trabajador del frigorífico Carrasco

