Situación frigorífico Carrasco
Viviendo en la chiquita
El jueves 28 de mayo fue el día del
trabajador de la industria frigorífica. Pero para nosotros no fue solo una
fecha conmemorativa, además hubo una tripartita en el ministerio con la
empresa, al parecer convocada sobre la fecha y que nos generó a todos cierta
expectativa.
Al término de la misma los directivos
trasladaron detalles e impresiones sobre una reunión algo intrascendente, pero
de las que voy a destacar desde mi punto de vista, tres aseveraciones.
1- El representante directo de la empresa,
dijo que la intención de ellos es trabajar con las cuatro plantas industriales.
Por lo cual, deja entre ver la voluntad de la empresa de reactivar la
producción en el frigorífico Carrasco. Despejando así, parte del bullicio
relacionado con el cierre de la actividad productiva. La pregunta es, en qué
condiciones?
2- La razón que la empresa le da a las
partes para justificar el cierre parcial, es el nivel al alza del precio del
ganado, base fundamental para el negocio. Es harto habitual la tensión que se
genera con los ganaderos, dueños de la materia prima e involucrados directos de
la cadena. Pero en definitiva, también son ambos los que aprovechan el momento
y el contexto mundial para medirse la vara. Esta puja de intereses corporativos
deja al trabajador expuesto a dilapidar su precaria estructura
financiera.
3- Se propone una nueva instancia
tripartita para el 24 de junio, donde la empresa daría respuestas con respecto
al por qué mantener la situación de inactividad, o en todo caso, buscar las
claves para su reactivación. Por lo menos es lo que esperamos que suceda,
porque al margen de las anteriores instancias, todavía no se sabe cuál es el
nivel de concreciones que pueda llegar a traer para ese día la empresa. Y por
lo tanto, todavía se mantiene una gran incertidumbre.
En paralelo se sigue rastreando la plata
comprometida desde el mes de marzo, que late en otra frecuencia. La extensión
de seguro, a la espera de la firma presidencial, llega a su término
parlamentario con un montón de falencias discursivas. Alguien dijo "en la
política nada ocurre por casualidad". Si bien la situación tiene
apariencia de apropiación partidaria, por la discrecionalidad, por los
movimientos de escritorio, una estrategia válida, pero que prescinde del
sentimiento de lucha que el sindicato reclama. Hay que ser honestos, el partido
comunista (oficialismo) es hoy el único con representación parlamentaria capaz
de anteponer en la agenda las necesidades inmediatas del trabajador, por fuera
de su dogmatismo, de su carnet de crack o de su discurso apócrifo a su estilo
de vida. La realidad es que pasa algo muy distinto con los otros representantes
políticos (oposición), que te exigen un poco más que comprometer parte de tu
soberanía o independencia colectiva a cambio de su apoyo (realpolitik). Pero, y
para seguir siendo franco, no deja de ser coherente la resistencia política a
financiar este tipo de maniobras empresariales. Nosotros no las desconocemos
(si no fuera porque está en juego nuestro sustento) ya que también en los
gobiernos caracterizados de izquierda las empresas contaron con el beneplácito
del estado para llegar a concretar sus reformas laborales, muchas veces, en
detrimento del salario.
En la exposición de argumentos enviada al
parlamento la empresa no escatimó en los detalles que llevaron al frigorífico
Carrasco a detener su actividad. Es claro y contundente. Hablan de condiciones
complejas no replicables en otras plantas, de estar excluidos del segmento
kosher (negocio que viabiliza la inestabilidad laboral), del ausentismo, del
costo laboral (llámese salarios), infraestructura, medio ambiente, costos
adicionales significativos y permanentes. Y sobre todo, nota textual,
"están evaluando las posibilidades y monitoreando la situación a efectos
de trabajar en aspectos del convenio colectivo y una reorganización del
trabajo". A confesión de partes, relevo de pruebas. No hay un ocultamiento
del por qué, ni dudas a nivel político o de gobierno, porque antecedentes hay
de sobra. Lo que si hay es un comportamiento irrefrenable, ya que cada vez que
las multinacionales cárnicas deciden poner en jaque los intereses económicos,
de una de las cadenas de valor más importantes del país, sabe quién paga los
platos rotos? Los gobiernos inflacionarios (pero modernos) que lejos están de
tener una posición favorable para ponerle condiciones a estas empresas, porque
dependen mucho de su actividad en el mercado de divisas, de la cantidad de
fuentes laborales que demanda y de la presión que ejercen en el diseño de la
economía mundial.
Entonces a partir de éste análisis, urge
la pregunta. Estamos cerca de resolver el problema? Negativo. Los trabajadores
de la industria, incluso después de haberse extranjerizado casi por completo el
negocio, somos rehenes del comportamiento productivo que ellos mismos crean. En
el fondo todos terminamos refugiandonos en la unidad productiva que se mantenga
activa, a sabiendas de que las condiciones pueden cambiar de un momento a otro.
Cuando los niveles de faenas son altos la causa se empodera y se baja la
guardia, pero cuando el laburo se complica, ahí reaparecen los viejos
reproches, se baja el nivel de discusión y se vuelve a esa patética competencia
masculina de medirse el miembro (metafóricamente hablando). Pero es
responsabilidad directa de los trabajadores? Claro que no, nuestra
responsabilidad es la de vivir en la chiquita, porque muchas de las personas
que ingresan a la industria terminan absorbidas, arrastradas por este estilo de
vida, hay un mal acostumbramiento a golpear otras puertas para que se hagan
cargo de su manutención y de vivir con el bolsillo irremediablemente en estado
de alerta.
Anael Cardozo de Assis
Trabajador del frigorífico Carrasco




