Enfoque israelí ante el balazo mortal sobre Shireen
Abu Aqleh
La indignación de los ofensores
Luis
E. Sabini Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org/
En cinco días, una conocida
periodista israelí o sionista radicalizó su discurso, mostrando un
extraordinario ritmo acompasado a las necesidades de imagen de sus mandantes.
Como no se trata de nada personal, entiendo
que ni siquiera es necesario identificarla con nombre y apellido; y apenas
citaré sus afirmaciones, cláusulas, literalmente.
Queda clara la secuencia: el miércoles 11 de
mayo una periodista palestina (a ella sí la nombro), Shireen Abu Aqleh, fue
literalmente asesinada con un disparo detrás de la oreja sorteando así el casco
protector que junto con un chaleco antibalas con cartel de “Prensa” llevaba
todo el tiempo en su exigida tarea de atender frentes de violencia que en
Palestina se suceden casi ininterrumpidamente desde hace más de un siglo.
La periodista que estamos comentando consideró
que no había elementos para “determinar
quién le disparó”.
Efectivamente, no se reconoció la fuente del
disparo (y hasta podríamos llegar a la conclusión que ni siquiera el
reconocimiento de la bala decisiva podría darnos el origen). Pero sí sabemos
algo: que las tropas israelíes en Yenin, el lugar de la muerte, contaban con
francotiradores, extraordinariamente especializados en poner la bala,
exactamente donde deciden: se necesita una capacitación mayor para alcanzar el
cráneo, en la forma lograda en este caso (ante las Marchas por la tierra de
palestinos desarmados, 2018, este cuerpo de francotiradores recibió la orden de
no alcanzar con sus disparos ingles sino tobillos. Y lo cumplieron: véase mi
nota “Brutalización y escamoteo; dos momentos de un único comportamiento
israelí”, 18 mayo 2022).
Nuestra autora se dedica luego, en esa misma nota
del 11 de mayo, a lo que en la jerga de las sospechas se califica “cantar
errado”: no se sabe oficialmente de donde provino la bala, pero… por los dichos
escuchados en un pasillo, por exclamaciones de un “palestino”, sabríamos que el
portavoz de las fuerzas israelíes habría recogido los festejos palestinos
vanagloriándose “de haber matado a un soldado”.
Como esos mismos voceros saben que no tienen
ningún muerto… la conclusión es obvia: lo que cuentan y festejan como soldado
israelí matado ha resultado la periodista palestina… matada. Cuentas sencillas:
sumas y restas de un solo sumando.
Y de paso, verificamos que estos atolondrados
palestinos ni siquiera saben sumar o restar.
La funcionaria mediática remata
caballerescamente su nota recogiendo todo el pesar que el portavoz de las
fuerzas militares israelíes que atiende el frente árabe, el oficial
Avichai Adraee, dedica a la muerte de la
periodista palestina “con quien hemos
estado trabajando a lo largo de los años”.
Como para desmentir tanta bondad modelo Public
Relations, pocos días después, los mandos israelíes empezaron a dejar entrever
que Shireen Abu Aqleh podría haber sido efectivamente alcanzada por una bala
israelí…
Y tras tan
injusta como abusiva muerte, sobrevino el entierro. Con los recursos técnicos
actuales, pudimos presenciar escenas pesadillescas de soldados israelíes
golpeando con cachiporras o pateando rodillas o tobillos de los portadores del
féretro, que se bamboleaba peligrosamente, y que no llega a estrellarse contra
el suelo por la tenacidad y el número de brazos que lo sostenían.
Y aquí sí, se despliega el celo de nuestra
guardiana ideológica. En una segunda nota suya, del 16 de mayo, advertimos la
incomodidad que le provoca el tener que ver el abusivo papel de la policía o
los militares israelíes en el entierro (¿existe una mirada propiamente palestina,
que distinga entre policías y militares israelíes?).
Acusa entonces a “terroristas palestinos” de oportunistas: “Quedó claro de inmediato que los palestinos no desperdiciarían la
tragedia […]”. Ya antes nuestra perspicaz notera había advertido: “debe tenerse claro que no fue víctima de un
asesinato sino de su propio trabajo”,
una sibilina forma de achicar la responsabilidad de los autores materiales.
Su conclusión sigue la misma estrategia: acusar
a los palestinos cuando hacen o cuando no hacen. “Estuvo claro de entrada que convertirían a Shireen y su muerte en un
mito.” Aquí no hay dolor. No hay indignación ni memoria ante todo lo que la
misma Shireen llegó a denunciar hace pocos años, acerca de una más que
preocupante cantidad de periodistas palestinos muertos, matados (se estima una
veintena sólo a lo largo del siglo XXI) cubriendo situaciones que irritan al
Estado de Israel. Esas observaciones, provenientes del trabajo a la intemperie
de Shireen ni siquiera asoman en las que hace nuestra periodista oficial u
oficiosa del Estado de Israel. Ni pueden asomar, claro.
Hay un informe, muy reciente (casi diríamos
demasiado, por cómo se vincula cronológicamente con el balazo a Shireen Abu
Aqleh), de abril 2022, presentado por la Federación Internacional de
Periodistas, el Sindicato Palestino de
Periodistas y el Centro Internacional de Justicia para Palestinos, a la CPI
(Corte Penal Internacional) cuya fiscal titular, la jueza Fatou Bensouda, recibió y le dio entrada.
Obsérvese el lenguaje de un vocero militar
israelí, que seguramente no debe haber leído la amanuense israelí que estamos
glosando, cuando se refiere a la actividad de Shireen Abu Aqleh, matada y
Ali-al Samudi herido en la espalda: “venían
armados con cámaras, si se me permite decirlo así.” (cit. p. James Zogby The Nation, 15 mayo 2022).
Esta misma nota nos recuerda cómo Israel pone
su máquina propagandística en marcha para no atender los hechos, la realidad). Y
nos revela además la relevancia de Shireen: que “traía a la luz historias de individuos y familias sobrellevando la indignación,
el dolor y la injusticia de la ocupación israelí. Por ello constituía un
peligro mayor para los israelíes que cualquier individuo armado podría
constituir. Ella ponía en entredicho la narrativa deshumanizante que reduce a
los palestinos a objetos sin rostro.” (ibíd.)
Shireen Abu Aqleh ha estado documentando los
crímenes de guerra de los Israelíes en la Palestina ocupada. ‘Ella misma encarnaba la humanidad palestina
diciéndole la verdad al poder establecido.’
La funcionaria sionista apela al orden y el
control; típicos recursos del poder establecido: “Los planes para la procesión fúnebre de Shireen Abu Aqleh fueron
coordinados de antemano por la Policía israelí con la familia.”
La mera exhibición de tales planes revela la
importancia que tenía para Israel despolitizar radicalmente la tragedia. Que la
muerte quedara solo para el dolor de sus deudos. Pero semejante muerte, de una periodista
tan significativa, que se suma a las decenas de periodistas palestinos matados
en situaciones de conflicto, excede totalmente ese marco “familiar”, diseñado
por la policía israelí.
Y lógicamente resulta inaceptable a buena
parte de palestinos.
Nuestra periodista prosigue su crónica: “El viernes, unos 300 revoltosos llegaron al
hospital Saint Joseph de Jerusalén e impidieron que miembros de la familia
cargaran el féretro en el carro fúnebre para viajar hacia el cementerio, tal
como había sido planeado y coordinado con la familia de antemano.” Se
produce así “una procesión no planeada
hacia el cementerio, a pie. Eso contradecía los deseos de la familia Abu Aqleh
y la coordinación de seguridad que había sido planeada.”
Esa diferencia entre revoltosos y deudos es
sin duda lamentable. Pero no le corresponde a la policía israelí dilucidarlo.
Nuestra vocera del estado israelí prosigue reproduciendo,
según dice, la versión policial:
“La
Policía intervino para dispersar a la turba e impedir que se llevaran el
féretro, y para permitir que el funeral procediera como estaba planeado.”
Por la policía israelí, agrego, aunque ella remata esa frase con un “de acuerdo a los deseos de la familia”,
que resultaría enternecedor si no mediara el interés por cuidar la imagen del
Estado de Israel.
Nuestra autora se empeña en criticar los “objetivos propagandísticos”. Pero en sus
afanes y ofuscación, desaparece la política real de Israel, que sintetizara tan
clara como cruelmente su reciente premier, el millonario Naftali Bennett: “He matado muchísimos palestinos ¿y qué
problema hay?” Trivializando la muerte violenta de un palestino, equiparable
a sacar algo molesto de en medio, como un perro sarnoso, un trasto desvencijado.
Porque para Israel y en general para los
israelíes, la vida palestina no vale nada. O muy, muy poco.
Y eso resiente. A cualquier sociedad así
discriminada (pero daña también, y no alcanzamos a saber en qué magnitud, a la
sociedad discriminadora).
El autor del semanario neoyorquino que ya
hemos citado, James Zogby, recuerda que Shireen Abu Aqleh documentó durante 25
años los crímenes israelíes de guerra en territorios palestinos para la cadena
periodística qatarí. Y que ella misma encarnaba la humanidad palestina hablando
de lo verdadero ante el poder.
Tras el asesinato, la cadena Al Jazeera
informó que Shireen estaba cubriendo un arresto de la policía israelí cerca de
la puerta de entrada al campamento de Yenin cuando fue asesinada. Al dar el
balazo en la única parte de su cabeza que no estaba protegida por su casco, se muestra
claramente la intención de acabar con ella.
Como junto con la descalificación a las
acciones de palestinos, la vocera israelí que venimos glosando combina
despolitización sistemática y presunta ecuanimidad, se hizo eco de la oferta de
la policía israelí de formar una comisión investigadora entre palestinos e
israelíes.
Tal vez ofertas de este tipo calmen la mala conciencia de judíos con escrúpulos,
pero hasta B’TSelem –una red israelí de defensa de derechos humanos– desechó lo
de tal comisión conjunta. Es impensable un trato ecuánime entre palestinos
–cualesquiera que ellos puedan ser– y autoridades israelíes.
Hay que saber que palestinos han reclamado una
investigación internacional, menos satélite a poderes israelíes, para examinar
los hechos.
La inefable defensora de derechos israelíes y palestinos
afirma: ”Los palestinos son campeones de
la propaganda.” [sic!]. Esto lo afirma una integrante del formidable
aparato mediático judeoisraelí. Que dispone de los más cuantiosos medios
materiales para difundir sus mensajes en tantos, tantos sitios. Compárese cómo
se compare. Por líneas de texto, por minutos de audio: basta verificar la
resonancia de los mensajes de Israel con la de los de esa colectividad “en vías
de desaparición”, a que nos referimos como “los palestinos”.
En el mundo al revés presentado por esta
comunicadora oficial, entiende que existe “una
tendencia a juzgar a Israel en forma distinta a como se juzga a los demás.”
Lo cual es cierto. Pero no como sostiene el cuadro sionista que estamos
citando, sino exactamente al revés. Porque muchos privilegiados asumen como
normal y correcto, poner en vereda a los levantiscos, a los pobres, a los que
no son la crema de una sociedad. Por eso la admiración de Anders Behring
Breivik por Israel, admiración que sin duda le ha permitido seguir los pasos
del citado Bennett, con su propia “proeza” de matar una setentena de seres
humanos (mayoría de origen árabe, valiéndose del recurso de matar a traición al
único guardia armado, noruego, en la isla con un acampe juvenil socialdemócrata,
que arrasó a tiros (provisto del arsenal que traía consigo).
Por como presenta el cuadro de situación nuestra
titular mediática israelí, advertimos que también declara sentir “asco. La hipocresía de tantos sencillamente
da asco”: nos recuerda que víctimas de terroristas palestinos han sido
asesinados y que tales víctimas “no
fueron a sabiendas a una zona de guerra, no tenían chaleco antibalas ni casco.”
Una meliflua traslación de responsabilidades
hacia los asesinados (palestinos)… Que por algo iban tan cubiertos y protegidos…¿agazapados?
Este método de responsabilizar siempre al otro me recuerda a Golda Meir cuando acusó
a jóvenes palestinos porque se hacían matar por jóvenes judíos, militarmente
muy bien preparados.
Respecto a “zonas de guerra”, con la carga de
atrocidades que evoca semejante concepto, me permito recordarle a periodista
tan versada en la cuestión palestino-israelí que hay quienes sostienen que
Israel es territorio en disputa, tanto entre israelíes como entre palestinos. O
sea, hay una explicación histórica por la cual el territorio israelí es “zona
de guerra”.
Y cuando semejante directora de semanario remata
su segunda nota: “Esto hay que pararlo.”
[atentados de palestinos contra israelíes], la pregunta que me hago: ¿Y el
avasallamiento con muertes à la Bennett, seguirá como hasta ahora?