miércoles, 2 de septiembre de 2026

Israel

 colonialismo, neocolonialismo en Ceuta, 26 08 30 8000

Colonialismo y eurocentrismo en el episodio ceutí

Luis E. Sabini Fernández

https://revistafuturos.noblogs.org

Títeres con los que nos juegan ¿o jugamos y nos golean?

30 agosto 2026

Hipérbola Janus1 ha abordado con mucha determinación el reciente y creciente conflicto expresado hace pocas semanas con la invasión de marroquíes, sobre todo jovencitos y gente desocupada, junto con otros africanos a Ceuta.

Su abordaje, empero, presenta un eurocentrismo que no ayuda a entender la jugarreta desencadenada desde Marruecos, que no lleva por cierto la marca en el orillo de ”hecho en Marruecos·”

Un punto a favor aunque incompleto de las virtudes y verdades que expresa este seudónímo es el de ubicar la política marroquí al servicio de poderes que le son francamente ajenos y que convierten la conducta marroquí en apenas instrumento de un eje francamente mayor y más decisivo; el poder anglosionista –como con mucha precisión lo califica Janus–, que ya en plena descolonización en los ’70 del siglo pasado orientó al régimen marroquí hacia una suerte de policía de Colonias en el norte africano.

Recordemos la “marcha verde” de hace medio siglo donde el régimen monárquico más o menos absolutista de un Marruecos recientemente independizado se dio el lujo de lograr los efectos de un golpe de estado “sólo” movilizando a cientos de miles de marroquíes del montón, inundando de civiles el territorio saharaui y abortando una solución independentista para el territorio saharaui y su población.

Pero así cómo Janus tipifica a Marruecos en un marco geopolítico mucho mayor, vertebrado desde Israel y su mayordomo geopolítico, EE.UU., nuestro autor/a yerra con la “españolidad” absoluta y categórica que otorga a los enclaves norafricanos de España.

Es totalmente baldía la pretensión cuantitativista de otorgarle a Ceuta tres siglos y medio de soberanía española y comparar esa edad con las siete décadas corridas desde la “independencia” marroquí, en 1956.

No es una cuestión de calendario y efemérides. Es el contexto geográfico, cultural, étnico, arquitectónico, geopolítico lo que decide.

Ese colonialismo naturalizado de Janus en los enclaves norafricanos españoles no es sino un capítulo del eurocentrismo que reaparece en su discurso cuando se refiere al colonialismo español, por ejemplo, al acaecido en la “América española”: “una España que se replicó a sí misma en aquellos territorios que conquistaba, al modo de Roma, creando estructuras de civilización y confiriendo la plena ciudadanía española.” Hay que preguntarle, al menos a los sobrevivientes de naciones como la aymara, en la actual Bolivia, o la maya, en Guatemala, sobre “la plena ciudadanía española” que le habría sido conferida.

Basta ver cómo se procesaron los mestizajes raciales en la historia de las naciones indoafrolatinoamericanas, casi todas con impronta española, para advertir que no existió nada idílico o celebratorio (aunque uno pueda conceder que las formas del racismo anglo, implantado

en la América del Norte han sido aún más racistas y genocidas, porque los piadosos calvinistas y moralmente estrictos cuáqueros no violaban indias; exterminaban a toda la población aborigen y hasta su mismo hábitat).

Janus ha querido evitar sin duda “la leyenda negra” en América, muy Made in England, pero flaco favor le hace a la historia y a la verdad, sustituyéndola por la “leyenda blanca o rosa”.

Salvando el perfil histórico que acabamos de comentar, lo que importa de la exposición de Janus es el abordaje de las perspectivas que presenta la invasión de Ceuta del 31 julio ppdo.

En primer lugar, ubicarlo como lo que ha sido; una invasión.

Nada original. Mohamed VI parece estar repitiendo la jugada de su padre, Hasán II, y su “marcha verde” en 1975, que ya reseñamos.

Marruecos no es sino una pieza de juego de quienes lo dirigen y dirimen: Israel, muy presente con sus baterías de programas como el Pegasus amén de las armas que provee regularmente a Marruecos. Hay hoy una ya muy asentada cooperación en materia de inteligencia, tecnología militar (sistemas de misiles y ciberseguridad) y conectividad económica, integrando a Marruecos en un eje estratégico “junto a” Washington y Tel Aviv. Dedicado al desgaste, en este caso de España. Pagándole así a Sánchez su renuencia a invertir lo demandado por los proveedores de armas (y guerras); Israel, EE.UU. y el coro de la UE.

Lo dicen con claridad y sin pelos en la lengua José Bautista y Ysabella Semiramis:2 “Rabat lleva décadas fomentando o reprimiendo los flujos de personas para ajustar la presión sobre el Estado español. Control o caos, la gestión de la frontera sur se ha convertido en una de las herramientas más eficaces del régimen marroquí para conseguir objetivos internacionales.”

Marruecos, con todas sus dificultades culturales (las diferencias de trato jurídico a hombres y mujeres en choque franco con la modernidad), económicas (desocupación, debilidad en la formación profesional), punitivismo que es alto y lógicamente inaceptable, se presenta como pieza de la geopolítica anglosionista, bajo la esfera de mando de EE.UU. e Israel.

Por eso, ante la invasión sin armas del 31 de julio de 2026 se hace aún más urgente romper todo maniqueísmo reduciéndose a optar entre el status quo colonialista y eurocentrado por un lado o la jugarreta marroquí, como si fuera una manifestación espontánea de necesidades “del pueblo” marroquí (o de tantos africanos que han “alcanzado” a Marruecos acercándose al cruce del Mediterráneo).

En muchos sentidos, los jóvenes que protagonizaron la “invasión” pacífica y sin armas, constituyen una huida tratando de abandonar Marruecos, su tierra natal.

En el mismo momento del tumultuoso empuje “migratorio” por la costa y por la playa, trepando los muelles, y todo lo que veíamos en los espectacularizados videos del momento, ¡oh casualidad!, emisarios israelíes en la ONU señalaron el carácter colonial(ista) de Ceuta y Melilla en manos españolas.

Que un gobierno claramente colonialista y violento, como Israel, tan colonialista como para permitirse ejecuciones sumarias, dispensado muerte en las tierras que ambicionan, imponiendo su marca colonial sobre territorios palestinos (y otros, como el libanés o el sirio) con bombardeos, balas, aguas contaminadas, restricciones y ahogos de todo tipo, que semejante red de criminales no haya sido aislada en el concierto internacional, y que, encima, acusen a España de colonial, no puede dejar de entenderse como “una retribución de gentilezas” si

recordamos que España, el gobierno de Sánchez, dejó entrever cierta resistencia a la carrera armamentista que promueven EE.UU. e


Israel para Europa y, lo más irritante para Israel, que España y su gobierno han abierto, aunque apenas entornada, una vía de apoyo a lo palestino. Y no sólo su gobierno; ¡la sociedad española malogró una competencia ciclista internacional por la presencia israelí!

Este repudio generalizado es un bofetón a la mejilla israelí. Por eso, la denuncia o recordatoria israelí no es sino una rencorosa vendetta por los amargos tragos que recibieran de España y de su gobierno. Este desquite obedece a una cierta insatisfacción política: Israel no acaba de lograr total sumisión ante su política genocida.

Por su parte, la UE no hace sino agravar su dependencia hacia EE.UU e Israel. Véase el muy esclarecedor video ”El Viejo Continente” sobre los Acuerdos de Abraham (https://www.youtube.com/watch?v=Vx19JukwzG0).

Vamos viendo que la idea de imperio norteamericano y su portaaviones en el Cercano Oriente, Israel, encierra el revés de la verdad; es Israel el que “dirige la batuta” y Trump (y/o Biden), siguen sus pasos, cada vez más ingrávidos, cada vez más más atentos al amo sionista.□

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